domingo, 4 de marzo de 2018

PORTUGAL EN EL BRONCE PRETARTESSIO ("La precolonización a debate" parte quinta; análisis de los artículos de las profesoras Arruda y Vilaça) -Capítulo 121 de: "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo"-.

ÍNDICE GENERAL: Pulsando el siguiente enlace, se llega a un índice general, que contiene los más de ciento sesenta artículos que hasta ahora hemos editado en "Tartessos y lo invisible en el arte". PARA LLEGAR A ELLOS, hacer clik sobre:

Los capítulos se desarrollan en un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas). Si desea leer el artículo entre líneas, bastará con seguir la negrilla y las letras rojas destacadas.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, famosa copa argárica que regaló en 2013 Da. Margarita Ramón-Borja al Museo Arqueológico de Alicante; donde pudieron comprobar que se trataba de un ejemplar magnífico, datable entre el 2200 y el 1500 a.C.. Abajo, la misma copa junto a otras similares (argáricas), tal como las muestra actualmente el MARQ en una vitrina a su entrada -Museo de Alicante, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. En este artículo repasaremos diferentes teorías acerca de la pre-colonización y el difusionismo; prevaleciendo quienes afirman que civilizaciones como la argárica, sería tan solo producto de una evolución prehistórica peninsular. Otras tesis, por el contrario, consideran que las culturas donde se inician los metales en nuestras tierras, se producen por contacto con “protocolonizadoes” llegados de Oriente (especialmente por navegantes que cruzarían el Mediterráneo durante la Edad del Bronce). A mi juicio, no es posible afirmar que civilizaciones como el Argar o la Campaniforme, se hayan generado en la Península Ibérica, sin influencias exteriores y por efecto de una evolución interna. Bastará para ello pensar que en el 2500 a.C. ya estaban construidas las grandes pirámides de Egipto. Siendo irrefutable que una civilización capaz de elevar un edificio de esas características, puede crear embarcaciones de suficiente tamaño, que realicen largas travesías (tal como se hacían en Biblos). Enviando a través de los bibliotas o los cretenses, expediciones por todo el Mediterráneo, en busca de metales preciosos y de materias primas. Máxime durante la Edad del Bronce; cuando era esencial el cobre y el estaño, pues con ellos se fabricaba toda herramienta y arma. Asimismo, hemos de tener muy presente que en las inmediaciones de Egipto no había minas cúpreas ni de casiterita. Todo lo que obliga a pensar que los bibliotas y los súbditos del faraón hubieron de recorrer las costas del Mediterráneo y las del Mar Rojo, en busca de esos metales preciosos (por entonces imprescindibles para la subsistencia.)
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En este artículo continuamos nuestro comentario y resumen sobre el libro que se estudió ya en las entradas anteriores. Ampliando el análisis y exposición de opiniones sobre este monográfico titulado: "Contacto cultural entre el Mediterráneo y el Atlántico (siglos XII-VIII ane) La precolonización a debate"- (1) . Publicación del CSIC, en la que participaron los mejores especialistas en colonización y precolonización de la Península Ibérica; donde cada autor aporta una separata sobre el tema. En nuestros tres artículos anteriores habíamos visto los trabajos de los profesores: Escacena Carrasco, Torres Ortiz, López Castro, José Clemente Martín de la Cruz, Marisa Ruíz-Gálvez Priego, Alicia Perea y Bárbara Armbruster. En el presente, analizaremos las aportaciones en la obra de las profesoras Ana Margarita Arruda y de Raquel Vilaça.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes del Museo Arqueológico de Alicante, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Se trata de vitrinas de la sala 1ª donde exponen objetos eneolíticos y de la Primera Edad del Bronce, procedentes de la zona levantina (fechados entre el 3000 y el 2000 a.C.). Entre los artículos que vemos -de etapa de transición entre el Neolítico y el Bronce pleno-, se hallan bifaces de piedra pulida, crisoles sencillos de fundición y moldes para fabricar piezas en cobre o bronce. Junto a ellos, mazas pétreas (posiblemente usadas en la minería o para machacar el mineral de metal). En la fotografía de abajo ya observamos armas y punzones realizados con bronce muy plúmbeo y arsenicado (de allí su apariencia rugosa). Hemos de destacar la aparición de hachas planas (del metal) durante etapas muy tempranas, en esta zona del Levante Peninsular. Tanto que existen teorías afirmando que los primeros objetos de cobre de nuestras tierras procederían de las cuevas eneolíticas de Levante (aunque otros consideran que serían anteriores los hallazgos de Almería, como los de Cerro de la Virtud o Almiranzaque). Sea como fuere, parece lógico pensar que las el área levantina, tanto como la de Almería, sería el primer lugar que encontrarían los expedicionarios venidos desde el otro lado del Mediterráneo.
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A) "Extraños en una tierra casi extraña; los contactos precoloniales del sur del territorio, hoy portugués" -ANA MARGARIDA ARRUDA-: (2)
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A) – 1º . PLANTEAMIENTO E IDEAS DE LA PROFESORA ARRUDA EN SU ESTUDIO:
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El artículo de la especialista lusa que vamos a analizar se encuentra publicado en lengua portuguesa; aunque intentaremos recoger sus palabras traducidas -por mí, en la medida de los posible-. Comienza escribiendo A. M. ARRUDA que: “Las perspectivas difusionistas e histórico-culturalistas atribuyeron casi siempre a los agentes orientales un papel definitivo en los fenómenos ocurridos en el Occidente peninsular en situaciones diversas, muchas de ellas diacrónicamente distantes, como son, por ejemplo, los casos del inicio del Neolítico, de la construcción de tholos (...) Es necesario tomar conciencia de que la teoría de la precolonización nació así en un momento precoz de la investigación sobre la colonización fenicia de Occidente” (2a) (...) Marisa Ruiz-Galvéz (2000, 2005) y Jaime Alvar (1997, 2000), nunca dejaron en suspenso el tema y han defendido en textos recientes que antes del establecimiento de los fenicios en la Península Ibérica; Occidente fue visitado por navegantes orientales. Siendo diferentes los argumentos en que basan estas propuestas; más arqueológicos los de Ruiz-Galvéz y más históricos los de Alvar. El hecho cierto, es que ambos concuerdan en lo esencial; y si Alvar considera indispensable que se abandone definitivamente el término pre-colonización, defiende la existencia de lo que llama «modo de contacto no hegemónico» para definir una realidad de contactos episódicos, irregulares y no sistemáticos caracterizados por la «realización de intercambios sin ocupación territorial ...». También para Ruiz-Galvéz el concepto de pre-colonización (...) debe ser descartado, atendiendo a que esta teoría desvaloriza el elemento indígena en el proceso de intercambio ocurrido” (2b) .
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En algunos de mis artículos ya hemos hablado del concepto de pre-colonización, referido a viajeros llegados a nuestras costas en épocas anteriores al Hierro (especialmente antes que los fenicios). Todo lo que parece un hecho indiscutible, pues resulta impensable que Iberia no haya sido visitada continuamente y desde las épocas más antiguas por buscadores de metales; al ser nuestra península la zona del Mediterráneo mas rica en esos yacimientos. Máxime, cuando sabemos que desde el quinto milenio a.C. ya existía una “ruta del ámbar”; recogiendo desde las costas del Báltico y las del Atlántico esta resina petrificada, para llevarla a lugares tan lejanos como Asia Menor, Egipto o Mesopotamia. Todo ello -y el sentido común- obliga a pensar que desde los inicios de la Edad de los Metales, quienes necesitaban cobre, estaño, oro y plata en abundancia; se acercarían hasta nuestras tierras. Un lugar al que se llegaba desde Oriente Medio o Egipto, en cinco o seis semanas navegando de cabotaje durante los meses de verano; algo que no sería un problema para quienes vivían en Biblos o en Creta (acostumbrados a trabajar, pescar y transportar mercancías en sus naves) . Hasta donde deberían venir debido a que por entonces el cobre y el estaño eran tan imprescindible para subsistir, como lo es hoy el petróleo; siendo tan importantes las ricas minas peninsulares para los hombres de la Edad del Bronce (y de la primera Edad del Hierro), como actualmente lo son los pozos de petróleo de Oriente Medio. Sin cuya producción el mundo que vivimos entraría en crisis y regresión; tal como se hundirían las civilizaciones antiguas que no hubieran podido disponer de los yacimientos cúpreos o de casiterita del extremo Occidente (la tierra llamada posteriormente Iberia).
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes del Levante hispano. Arriba, vista desde “El Altet” de Alicante, en la que podemos ver las cordilleras de la Sierra Aitana, junto a las costas alicantinas: Puig Campana (1409 metros), detrás Sierra Aitana (1558 metros), Cabezo del oro (1209 metros) y Maigmó (1296 metros). En estas montañas se hallaron infinidad de cuevas con pinturas, objetos y enterramientos neolíticos; cuya utilización como cenotafios prevaleció hasta el eneolítico, llegando incluso a la Edad del Bronce. En ellas se desarrollaron las famosas pinturas de Arte Esquemático, Levantino y Proto-Esquemático; donde podremos ver diseños abstractos y figuritivos de animales, cazadores y objetos. Posteriormente la zona se convirtió en la “puerta” de distintos colonizadores, fundando allí sus emporios los griegos (las ciudades de Hemeroskopion, Alonis o Leukade).

Al lado: Famoso monte junto a las playas de Benidorm -sito en Finestrat- llamado Puig Campana. Se trata del pico más alto de las costas españolas, con unos 1400 metros, apenas a unos dos kilómetro del mar. A mi juicio, su cumbre fue “tallada” durante la el Calcolítico o la Edad del Bronce, quemando sus paredes y puliéndolas con agua fría (tras haberlas llevado a la incandescencia), hasta llegar a darle esta forma de diente. Seguramente aprovecharían una cima ya dañada con una rotura natural, para lograr darle esta forma de meridiano; marcando con ella un punto, señalando a los navegantes y a las gentes de tierra, la localización de un puerto y un lugar principal. Que más tarde fueron la Alonis griega (“Tossal de la madalleta” en Villajoyosa) y la Serreta de Alcoy; yacimientos greco-ibéricos de enorme importancia. Más tarde explicamos que esta marca que yo considero megalítica y artificial, podía actuar de señal y referencia, para ver desde el mar y para seguir en tierra (sabiendo que a su altura de sombra y en linea recta, se hallaban en el interior algunos de los más importantes santuarios y ciudades).
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Abajo: Principales yacimientos de la zona alicantina, anteriores al periodo cartaginés y romano. Este área fue una de las más habitadas y visitadas por los primeros colonizadores. Pero milenios antes tuvo que ser uno de los primeros puntos donde se asentarían gentes venidas del Oriente Mediterráneo y de tierras lejanas (Sicilia, Malta o Cerdeña); durante el Neolítico y el comienzo del Bronce. Viajeros llegados de Oriente Medio o de las islas mediterráneas, que en busca de ámbar y metales preciosos traerían la técnica del fundido del cobre hasta nuestras tierras (hacia el 3000 a.C.).
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Regresando a las ideas que la profesora Ana Margarita Arruda recogía en su estudio que analizamos; hemos de recapacitar por qué afirma (citando a varios profesores que también lo corroboran) que la palabra precolonicación es un término peyorativo para referirse al pasado histórico de nuestras tierras. Todo lo que expresa escribiendo que el profesor “Alvar considera indispensable que se abandone definitivamente el término pre-colonización y defiende la existencia de lo que llama «modo de contacto no hegemónico» para definir una realidad de contactos episódicos, irregulares y no sistemáticos caracterizados por la «realización de intercambios sin ocupación territorial ...». Tanto como nos dirá que “También para Ruiz-Galvéz el concepto de pre-colonización (...) debe ser descartado, atendiendo a que esta teoría desvaloriza el elemento indígena en el proceso de intercambio ocurrido”. Realmente, no comprendemos por qué hablar de precolonizadores pudiera dañar el concepto de nuestro pasado en la Edad del Bronce. Pues en ausencia de una precolonización; deberíamos pesar que aquellos que nos visitaron -en busca de metales y materias primas- pertenecían a una civilización con un mismo estado de desarrollo a la peninsular. Unos hechos que se nos hacen muy difíciles de compartir o de comprender; ya que hablamos de un tiempo en que muchos de los obeliscos y pirámides estaban levantados, frente a los dolmenes y menhires de nuestras tierras... .
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Aunque la circunstancia principal por la que no deberíamos considerar precolonizadores a esos visitantes llagados a Iberia antes de la Edad del Hierro, se hallaría en el hecho de no ocuparon tierras peninsulares, ni se establecieron en ellas. Todo lo que parece cierto, dada la inexistencia de yacimientos que manifiesten una ocupación o una conquista Oriental de la Península (al menos hasta la aparición de los asentamientos fenicios). Aunque como la profesora Ruiz-Gálvez expresaba en su gran obra “LA EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DEL BRONCE”, existen múltiples fórmulas y formas de colonización y no todas ellas comprenden la obligada conquista territorial (sino simplemente, una importante influencia cultural). De tal modo en el libro de Ruiz-Gálvez que citamos, la profesora menciona métodos de aculturación tan sencillos como el que denomina “portugués criollo”; consistente en trasladar hombres hasta un territorio, para que se mezclasen con las gentes del lugar. Para que posteriormente, aquellos marineros asentados en tierras lejanas y extrañas, enseñasen a sus hijos o descendientes el idioma y costumbres de su país; convirtiéndoles en élites del lugar (al transmitirles numerosos conocimientos) y educándoles, para que esos mestizos actuasen de puente cultural o comercial (3) .
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Nosotros, en el artículo antes mencionado y en otras muchas ocasiones, hablábamos de muy diferentes formas de colonizar; entre las que siempre destaqué el método del “secuestro” parcial de adolescentes. Consistente en viajar hasta una tierra lejana que se desea colonizar y tras observar dónde se entretienen los niños del lugar (normalmente, en playas y ríos); planear perfectamente el robo de algunos de estos chicos. Llevándoselos sin violencia y sin dañarlos, simplemente usando un descuido de los padres o de los cuidadores (incluso comprándolos a los lugareños). Después, aquellos adolescentes “parcialmente secuestrados”, serían llevados hasta el país de origen de los visitantes, para ser educados con el máximo esmero durante unos años. Tras aprender el idioma y las costumbres de la otra cultura y una vez lograda su aculturación completa, bastaría con devolver a los chicos al lugar donde se les había secuestrado. Con el fin de que estos jóvenes se reintegrasen en sus tribus o poblados; donde pronto ocuparían una posición de prestigio, actuando como puente cultural y comercial, entre los habitantes autóctonos y quienes les habían “raptado”. Todo ello provocaría un aculturación gradual, que finalmente se complementaría con la venta o intercambio de mujeres (esclavas, reinas o jefas de tribus); cambiando madres y féminas los indígenas, con aquellos otros que les habían visitado. Un proceso por el cual, sin existir conquista ni asentamiento, ambas civilizaciones quedarían plenamente unidas; influenciando la más avanzada sobre la más atrasada, de un modo que claramente podemos denominar “colonización” (pese a que no hubiera “colonos”, asentamiento, ni conquista -propiamente dicha-).
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, un dibujo mío del Puig Campana en el que he añadido un templo en el lugar donde se alza la ciudad de Finestrat. Pueblo cuyo nombre nos recuerda al “fin del mundo” (fin de la tierra) y que algunos han creído se dio al lugar por ser las últimas tierras que conquistó Jaime I -terminando allí el reino de Aragón-. Pese a ello, a mi juicio, aquel diente que falta a la montaña ha podido servir de marca para señalar un final del mundo desde épocas remotísimas. Repetidamente -desde la infancia- he observado el cortado que tiene la cima del Pico Campana, llegando siempre a la conclusión de que es artificial (tallado probablemente en etapa megalítica; aunque aprovechando una grieta inicial que ya tendría la cumbre). Algo que puede verse claramente desde la zona del Rincón de Loix (Sierra Helada); montes situados junto al mar entre Altea y Benidorm, donde se distingue la perfección del tajo cuadrado en la cima.
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A mi juicio, esa marca del Puig Campana sería de origen megalítico y señala el paralelo 38º30´ como referencia para seguir una sombra. Ya que en la misma latitud y en el interior están los santuarios más importantes, y en el extremo opuesto de la Península, a la misma altura, se halla Évora-Setúbal-Lisboa (las desembocaduras del Tajo y del Sado). De tal manera, si un viajero llegase hasta este punto y tomase la sombra en el Puig Campana como dato; sabría que siguiendo en linea recta (por caminos) llegaría hasta los lugares más ricos en oro, plata, estaño y cobre. Asimismo, si aquel viajero seguía costeando la Península; conocería que esta altura de sombra (38º30´) y en el lado opuesto, encontraría el destino donde podría comerciar (el delta de Setúbal-Palmela; un lugar tan rico en metales como importante en la Edad del Bronce). Aunque me inclino más a pensar que se trata de una marca guía para ser vista desde la lejanía por navegantes y que a su vez servía a los habitantes autóctonos como referencia. Pues para encontrar el Puig Campana bastaría tomar la sombra con una simple vara, viajando en linea recta hacia el Este, siguiendo esa altura del Sol (o de Norte en la noche); pero si caminaban hacia el Oeste en la misma linea de sombra, darían con Évora y Setúbal (importantísimos durante el megalitismo y la Edad del Bronce). Asimismo, esta sierra llamada Aitana; cuyo nombre procede de otro homónimo dado a los montes de Creta (significando sierra de la Madre -montes de Atana, la antigua Atenea-), fue ya un eje principal de cultura durante el Neolítico. Un lugar donde habitaban y se refugiaban los hombres de esa etapa, quienes usaron las cuevas como tumbas, principalmente desde el eneolítico (durante la Edad del Cobre y primer Bronce -entre el 3000 y el 2500 a.C.-).
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Al lado: Una vitrina del Museo Arqueológico de Alicante (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes); que contiene un ajuar funerario del calcolítico procedente de Campello (isla frente a San Juan-Alicante).
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Abajo: Diversos objetos calcolíticos (puñales, espátulas y palmelas) procedentes de Orihuela, Campello y Agres (también del MARQ, al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, otra vitrina del Museo Arqueológico de Alicante -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-; en ese caso con puñales, alabardas y palmelas.
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Abajo, la ciudad de PALMELA en Portugal; sita en las proximidades de Setúbal y muy cerca de Lisboa. Esta población dio nombre a las puntas de flecha de la Edad del Bronce con forma de “palma”; porque allí fue donde se encontraron por vez primera. Posteriormente se hallaron “palmelas” en diversos yacimientos peninsulares, entre los que destacan las más de veinte puntas aparecidas en el Dolmen de la Pastora (Valencina de la Concepción -Sevilla; muy cerca de El Carambolo-), tanto como estas flechas levantinas de la edad del Bronce, que vemos en la imagen superior.
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Seguirá diciéndonos Ana Margarita Arruda, que “Se debe a María Eugenia Aubet (1987) la primera crítica bien fundamentada a la teoría de la Pre-colonización. La conciencia de que los fenómenos ocurridos en Occidente durante la primera mitad del primer milenio a.C. se debían a hechos que habían tenido lugar en Oriente; obligó a que procuraran explicar la colonización fenicia desde su origen y hacia nosotros. Así, la cuestión cronológica fue un pesado lastre en la investigación, debidamente integrada en las problemáticas de las sociedades cercano-orientales. De tal modo, la pre-colonización del siglo XII a.C. era imposible, dada la historia misma de las ciudades fenicias que estarían detrás de ella, pero la validez de los hallazgos que la materializarían fue también “deconstruida” desde el punto de vista cronológico, como sucedió -por ejemplo-, en el caso de los marfiles de Carmona” (4) (…) En efecto, parece evidente que la pre-colonización se acortó casi dos siglos y la verdad es que habría durado aproximadamente ciento cincuenta años; incluso después de los nuevos datos aportados por Huelva (González de Canales etal., 2004). Tanto los datos arqueológicos y tipológicos, como los de C-14, finalmente han permitido retroceder más unas cuantas décadas la cronología de la llegada a Occidente de las primeras olas de colonos fenicios” (4a) .
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Continúa la profesora Arruda escribiendo: “Sin embargo, casi todos coinciden hoy en que en los momentos finales del segundo milenio a.C., hubo estrechos contactos entre el Atlántico y el Mediterráneo. Contactos que se materializan en un ya vasto conjunto de hallazgos, encontrados en los territorios bañados por los dos mares. Incluso muchas veces en áreas de las comunidades atlánticas, responsables del llamado «mercado atlántico», tanto como en el de las mediterráneas y de las indígenas centrales de la Península Ibérica” (4b) (…) “poblaciones que navegaron durante los llamados siglos oscuros, que siguen siendo discutidas. Donde el área oriental del mar interior ha sido casi siempre señalado como el punto de partida: Concretamente el Egeo, Chipre y la fachada sirio-palestina (entre otros por Almagro-Gorbea 1989 , 1998). Pero hoy, Cerdeña y el Mediterráneo Central, han venido a ganar terreno en la discusión de esos venidos del Mediterráneo; no sólo por los hallazgos encontrados en Occidente remoto (cerámicas y otros), sino también por las presencia atlántica y peninsular encontradas en la isla Sarda (...) En este contexto, Mariano Torres llamó hace poco la atención de «que ya se ha recogido en las fuentes de la fundación de la ciudad sarda de Nora; el hecho de ser su héroe fundacional homónimo: Nórax, un nieto de Gerión (Pausanias, X, 17.5); lo que puede ser el reflejo mítico de estos viajes ... » (…). Por otra parte, se ha defendido que Cerdeña podría haber distribuido los artefactos que las dos redes (atlántica y mediterránea) hicieron circular, actuando como el origen del mercado mediterráneo para los bronces atlánticos” (4c) .
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Seguirá diciéndonos en este epígrafe Ana Margarita Arruda: “Pero también debe considerarse si las conexiones entre el Mediterráneo Central y la Península Ibérica durante los siglos XII, XI y primera mitad del X a.C.. Que -como he dicho antes- se inscriben aparentemente en un movimiento más vasto de intercambios entre el Mediterráneo y el Atlántico. Pues los intercambios culturales y de mercancías que desencadenaron pueden considerarse «precoloniales», en su aspecto estricto (por haber ocurrido en un momento anterior a la colonización propiamente dicha)” (4d) (…) “Los datos que permiten evaluar la existencia de contactos entre el Mediterráneo y el Alentejo -interior- durante los últimos decenios del segundo milenio y el principio del primer milenio a.C.. son por lo tanto, muy escasos. Situación que, muy posiblemente, deriva de la poca atención que el Bronce Final merecía por parte de los investigadores en general” (4e) (…) “De hecho, la ocupación del Bronce Final en Alentejo parece haber sido muy intensa a evaluar por la enorme cantidad de lugares que han sido identificados por los trabajos ya mencionados (...), pero desafortunadamente esa intensidad no se ha documentado aún en datos pasibles de ser analizados” (4f) (…) “Si la situación es ésta para el Alentejo, el Algarve, casi un «desierto» en lo que se refiere a la ocupación del Bronce Final. Este desierto no es absoluto, porque tanto en el Castillo de Castro Marim o en Tavira, se han encontrado niveles con cerámicas exclusivamente fabricadas a mano, algunas decoradas con técnicas y motivos acorde con una cronología de los siglos XI a IX a. C.” (4g) .
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de los cabos cercanos a Lisboa-Sétubal. Arriba el famoso Cabo Espichel, entre la desembocadura del Tajo y la del Sado. En la imagen, al fondo podemos ver la entrada del rio Tajo y su avance hacia Lisboa; asimismo, en esta playa de Espichel es posible observar la bravura del Atlántico que choca contra las paredes del cabo, desgastándolas y provocando terraplenes con centenares de metros de altura. Abajo: Puesta de Sol en las playas atlánticas de Setúbal (antes de entrar en su ría). Observemos este otro lado del cabo Espichel (el Sur) en el parque natural de Arrábida; el mar está resguardado y completamente en calma. Esta es la entrada al Sado (Setúbal) donde los marineros no tienen problema alguno para navegar y atracar las embarcaciones. La imagen fue tomada el mismo día, durante el mes de Enero y con apenas una hora de diferencia (lo que demuestra el resguardo que da el Cabo Espichel a la ría del Sado).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, la desembocadura del Sado en Setúbal. Observemos la estrecha bocana de entrada, que esconde una enorme ría con miles de hectáreas de expansión. En primer término (lugar desde el que se toma la foto), vemos el parque natural de Arrábida; frente a este y en el mar, la islita de “portinho”, detrás la entrada al Sado (con Troia a un lado y Setúbal al otro). Llama la atención en estas costas, el mar muy resguardado y en calma, frente al que veremos del otro lado de Espichel (un embravecido Atlántico).
Abajo: Mapa que se expone en las calles de Azeitao, explicando la zona del Cabo Espichel, la entrada a Lisboa y al Sado. Sobre este he marcado en rojo los puntos desde los que he realizado las fotos que vemos (Espichel y Arrábiga, Setubal, Cetóbriga y etc.). Asimismo he señalado las zonas del parque de Arrábiga en que se hallan los poblados de la Edad del Bronce, el del calcolítico y el poblamiento neoltíco; junto a ellos el túmulo de la Roca do Casal. El origen del nombre de Cetóbriga (antigua Setúbal) hubo de estar en la profusión de cetáceos que poblarían los mares cercanos a esta tierra. Mamíferos marinos (entre otros ballenas y cachalotes) que dieron origen a las leyendas antiguas de los monstruos que habitaban el Atlántico; pero que serían la fuente de alimentación para los habitantes de la zona desde los tiempos más remotos. Pues hemos de pensar que las temperaturas eran mucho más frías hace seis o tres mil años -cuando los constructores de megalitos se extendían por el Alentejo-. Un momento en que las ballenas, focas, cachalotes y todo tipo de cetáceos se acercarían a estas tierras; quedando atrapados y siendo fácilmente varados en cuanto entrasen a la ría del Sado. Donde se les podría dar caza con toda tranquilidad, para luego poner en salazón sus carnes o repartir sus filetes y su grasa entre la población. Actualmente tan solo quedan delfines, entre aquellos muchos mamíferos del mar que antaño poblaban todo el litoral atlántico, que fueron extinguidos por la masiva caza dada por los marineros de la zona.
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Terminará su trabajo Ana Margarita Arruda, recogiendo los hallazgos del Final de Bronce en el Sur de Portugal que se relacionan con el Mediterráneo; enumerando varios, entre los que destaca primero la famosa ROCA DE CASAL DO MEIO (5) . Túmulo funerario que se halla en los montes de Setúbal -concretamente en el parque Da Arrábida- y del que esta profesora lusa escribe que existe: “una profunda implicación de los grupos humanos que construyeron la Roca del Casal do Meio, con navegantes mediterráneos; concretamente con sardos, que al final de la Edad del Bronce habrían llegado a esa costa occidental peninsular” (6) . Sigue diciendo la especialista portuguesa acerca de este interesante cenotafio (situado entre Setúbal y Cabo Espichel; en las cercanías de Palmela y en lugar próximo a Lisboa): los allí inhumados no parecen ser extranjeros, sino indígenas; pudiendo defenderse que los propios constructores serían también nativos, y no sardos -como bien demostró Mariano Torres en 1999 y ratificó más recientemente (en 2005)-. El desconocimiento generalizado sobre las necrópolis del Bronce Final no nos permite encontrar paralelos exactos -o cercanos- al monumento de la Roca do Casal do Meio. Que -sin embargo- parece tener en su totalidad, una vaga proximidad formal y de soluciones constructivas, con los monumentos megalíticos de tipo tholos (...) La cronología de sus dataciones por C-14 proporcionan a los excavadores unas fechas constantes, que pueden ir desde mediados del siglo X al inicio del siglo IX a.C.” (6b) .
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Las palabras recogidas anteriormente de la profesora Arruda, expresan claramente la existencia de un túmulo de tipo tholos, muy semejante a los mediterráneos (sardos, del Sur de Italia o egeos), construido en el alto de Setúbal en época cercana al 900 a.C.. Todo lo que demostraría la presencia durante el Bajo Bronce de gentes próximas a los habitantes de Cerdeña, en la Sierra Da Arrábida; uno de los lugares más importantes de Portugal. Situada junto a la desembocadura del rio Sado, entre el Cabo Espichel y la “isla de Troia” y a muy poca distancia de Palmela. Llegado este punto, debemos recordar que los hallazgos de Palmela dieron nombre a las puntas planas de la Edad de Bronce; flechas fabricadas en cobre o bronce, como láminas largas y en forma de “palma” (pero llamadas “palmelas” por haberse encontrado por primera vez en esta población). Piezas que aparecen repartidas por toda la Península, unidas a dólmenes o a yacimientos del calcolítico (entorno al 3000 a.C.) y del Bronce Alto; aunque siguieron fabricándose de forma muy parecida hasta el Bronce Bajo (desde el 1600 al 1300 a.C.). Pues como hemos dicho en algunos de nuestros artículos, aquellas puntas planas cúpreas o broncíneas, siempre tuvieron una baja calidad en su aleación y fabricación. A mi juicio, no por ser más o menos antiguos, sino debido a que se trataba de objetos irrecuperables y que tan solo podían ser usados en una ocasión (un disparo con arco).
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, bahía exterior de Setúbal en pleno invierno (océano Atlántico). La foto está tomada desde la playa de Figueirinha (muy próxima a la bocana del Sado, pero del lado exterior) -ver imagen mapa anterior-. Ya a Rufo Festo Avieno le impresionó en el siglo IV a.C. la tranquilidad de las aguas atlánticas frente a estas costas, a la vez que le llamó la atención la suciedad que contenía la ría del Sado por dentro (frente al puerto de Setúbal). La imagen que vemos está tomada en pleno mes de enero, donde podemos observar el océano como si fuera el Mar Mediterráneo y cuyo color es asimismo esmeralda (muy semejante al que guardan las playas de Levante, Baleares o Cerdeña). Podemos decir que este punto mágico, mirando al sur puro y protegido por el cabo Espichel; es un lugar absolutamente resguardado de vientos y mareas, siendo la entrada perfecta a un puerto completamente guardado, como el de Setúbal. Características que le convertirían en un lugar paradisíaco e inigualable durante la antigüedad; pues estas costas y las de la ría del Sado se podrían navegar en una simple canoa (sin peligro y pudiendo capturar los muchos mamíferos del mar que antaño vivían en la zona). En las montañas que aparecen a nuestra derecha (Da Arrábida) se halla la famosa tumba en forma de Tholos llamada Roca do Casal.

Al lado, fotografía de las cumbres de sierra Da Arrábida que tienen un calvario en la cima. Junto a este lugar se encuentra el túmulo Roca do Casal do Meio. Cuyo cartel y fotografía hemos incluido en las laderas de la montaña.
Abajo, nueva vista de la entrada al Sado observada desde Arrábida. Al fondo la bocana de Setúbal (a la izquierda) y a su derecha, la ínsula de Troia -donde se divisan unos altos edificios-. En primer termino, los montes del parque natural de Arrábida, en cuya cima (a nuestra derecha) se halla la Roca do Casal.
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A) - 2º . DE PALMELA junto a Setúbal, AL DOLMEN DE LA PASTORA junto a Sevilla. AVIENO Y LAS RUTAS DE LOS METALES ATLÁNTICOS HEREDADAS POR FENICIOS Y TARTESSIOS:
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Antes de concluir el análisis del estudio de Ana Margarida Arruda, deseamos aprovechar las ideas e imágenes que hemos recogido anteriormente, para destacar algunos conceptos. Hechos que nos pueden ayudar a entender por qué se repiten los hallazgos de material mediterráneo en el litoral atlántico portugués y andaluz, durante la Edad de Bronce. Debido a un continuo y continuado mercado de los metales atlánticos, llevado a cabo por indígenas y visitantes orientales. Quienes desde el final del Eneolítico Peninsular (entorno al 2700 a.C.), habrían necesitado comerciar el cobre, el estaño, el oro y la plata del Atlántico, para importarlos a sus tierras o bien distribuirlos por el Mediterráneo. A mi juicio, ello se deduce y se hace evidente, observando la falta de yacimientos de metales preciosos en el Mediterráneo; lo que les obligaría a visitar nuestras tierras, pero asimismo a mantener en secreto el lugar de procedencia de las materias primas con las que fabricaban sus herramientas y armas (casiterita y mineral cúpreo que transportarían con tanta cautela como secretismo, al ser fundamentales para la supervivencia entonces).
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Cuanto hemos mencionado sobre La Edad del Bronce Atlántica nos ayudará a comprender los comentarios de Rufo Festo Avieno, entorno al comercio entre los habitantes peninsulares y los de Europa del Norte. Narraciones acerca del mercado y viajes de los marineros atlánticos, recogidas en la obra de este autor marsellés del siglo IV d.C.; donde Avieno aporta toda clase de datos geográficos e históricos del litoral peninsular, junto a algunas costumbres de sus habitantes, tomados unos novecientos años antes. Por ello, el periplo se considera escrito por viajeros que recorrieron las costas hispanas hacia el siglo VI a.C.; auque el relato que se intitula “Ora Marítima”, es atribuido a Festo Avieno. En su inicio nos habla extensamente sobre el comercio entre los habitantes de la Península Ibérica y los de tierras del Atlántico Norte (Francia, Islas Británicas etc). Asimismo describe la orografía, playas, cabos y golfos de nuestras tierras, vistas desde el mar; destacando las menciones que realiza de las portuguesas y andaluzas occidentales. Escribiendo sobre las tierras sitas entre Cabo de Roca, el de San Vicente y el de Trafalgar, lo que a continuación recogemos:
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba y al lado dos fotos del famoso Cabo de Roca (vista del acantilado y monolito que recuerda es el punto más occidental de Europa). Este cabo es mencionado por Avieno como “el cabo de Ofiusa, sito a dos días de navegación desde el cabo de Arvio”. Desde aquí, el autor va a realizar una detallada descripción del litoral y de las ciudades costeras, hasta llegar a Gadir.
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Abajo, mapa mío en el que recojo las rutas del ámbar y del metal, seguidas por expedicionarios mediterráneos o atlánticos. Su origen podemos fecharlo en el V milenio a.C., con las navegaciones de ballenas y ámbar. Estas dos “empresas” serían las que, a mi juicio, iniciaron el megalitismo y la cultura atlántica (surgida desde el quinto milenio en Portugal, Galicia, Irlanda y Bretaña). Posteriormente se heredarían y ampliarían durante la Edad del Bronce (habida cuenta la profusión de cobre y estaño en todo el litoral atlántico). Finalmente las continuarían los habitantes peninsulares y los colonizadores (tartessios o fenicios) en la búsqueda de oro, plata y casiterita -inexistente ya por entonces en el Mediterráneo-. Observemos en el mapa trazado los caminos terrestres; algunos mencionados por Avieno (como el que unía Tartessos con Lisboa y Malaka). Se trataría de vías alternativas para poder comerciar los metales atlánticos durante el invierno, pudiendo así llevarlos en épocas de difícil navegación, desde zonas como el Duero, Orense o Galicia, hasta Tartessos-Gadir.
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RUFO FESTO AVIENO “ORA MARÍTIMA”:(7)
-incluimos nuestros comentarios entre paréntesis, en negrilla y recta; mientras el texto de Avieno aparecerá en cursiva y gris-
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a) SOBRE LAS OESTRÍMNIDES Y SU COMERCIO CON EL MEDITERRÁNEO:
Y aquí se levanta la cabeza de un cabo prominente y en la antigüedad lo denominaron OEstrimnida (Se identifica con un cabo antiguo de la Bretaña Francesa hoy convertido en isla y llamada Ouessant; cuyo nombre se correspondería con el de Oestrimnide cuyo significado es el de lugar de “los hombres del Oeste”) , hallándose la elevada mole de su pico rocoso se vuelve de pleno hacia el Mediodía. A su vez, por debajo de este saliente se abre para sus habitantes el golfo Estrímnico, en el que se muestran las islas Oestrímnias, que están muy separadas y son ricas en mineral de estaño y plomo (nos habla de la zona comprendida entre la Bretaña francesa y las Islas Británicas, la bahía de Douarnenez o Brest, la Punta de Penmarch y el grupo de islas de Glénan, Cornualles e islas Scilly. Las famosas islas Kassitérides, donde los comerciantes viajaban en busca de estaño, que se sitúan en Bretaña, en las Islas Británicas e incluso en las Cíes y en las costas gallegas). Allí se encuentra una raza de gran vigor, de talante altanero, y de una habilidad eficiente, imbuidos todos de una inquietud constante por el comercio. Surcan valerosamente el turbio mar, con sus barcas cosidas de piel (pataches), aventurándose a largas distancias sobre una mar agitada por el abismo de un océano preñado de monstruos (se refiere sin duda a los numerosos cetáceos y mamíferos marinos que por entonces poblaban el Atlántico). De hecho, no saben ensamblar sus quillas con madera curvada de pino ni de acebo o abeto y , según es usual para estos, construyen sus barcas de modo realmente sorprendente, ajustándolas con pieles entrelazadas; con las que a menudo atraviesan el extenso mar salado en estos cueros atados a maderas.
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Desde aquí y hasta la Isla Sagrada (pues así la llamaron los antiguos) (se refiere a Irlanda) una nave tiene un trayecto de dos jornadas. Esta isla despliega en medio de las olas un amplio territorio y la habita a lo largo y ancho la raza de los hiernos (irlandeses) . Luego, vecina, se extiende la isla de los albiones (habitantes de Gran Bretaña, Albión) . Y era costumbre de los tartessios comerciar hasta los confines de estas, con todas las Oestrímnides. También los colonos de Gades y Cartago; la población que habita entre las Columnas de Hércules, se acercaban a estos mares. Sobre los cuales el cartaginés Himilcón (general que redescubre las rutas del estaño -las Cassitérides- al desaparecer Tartessos) asevera que apenas podían ser recorridas en cuatro meses, según él mismo relató haberlo comprobado mediante una navegación. Porque allí no hay vientos, en una amplia zona, que impulsen al navío; así el líquido elemento de una llanura marina encalmada se inmoviliza en sus aguas. Se añadirá a ello que emerge entre las olas abundantes sargazos que a menudo refrenan la popa como si fuera maleza. No deja de decir también que por esta zona la superficie de la mar no alcanza gran profundidad y que apenas un poco de agua cubre el fondo, que las bestias marinas recorren la mar por aquí y por allá, que los navíos se desplazan lentos y lánguidos entre monstruos y fieras que nadan por medio (sabemos que este tipo de referencias las mencionan los cartagineses para evitar que otros barcos se aventurasen a la ruta de los metales del Atlántico; narrando que aquellos mares estaban plagados de peligros, gentes terribles y monstruos con el fin de no tener competidores en esas singladuras).
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo, varias imágenes de la bahía de Setúbal y Arrábida. Arriba, promontorio de Arrábida visto desde las playas de llegada a la bocana de Setúbal. En estas montañas que vemos al fondo se situan los poblados del Neolítico, del Calcolítico y de la Edad del Bronce; estando en uno de los picos más altos la famosa Roca do Casal do Meio. Observemos la tranquilidad del océano Atlántico, en estas playas durante una noche de invierno.
Al lado: Famoso Monasterio de Arrábida, situado en las laderas del parque natural, junto a los poblados del Bronce y al túmulo.
Abajo: Vista de nuevo, de la entrada a Setúbal, desde Portinho; podemos observar claramente el color del Mar, la tranquilidad de las aguas; y al fondo, la ínsula de Troia, situada frente a Setúbal. Las montañas -a nuestra izquierda- contienen yacimientos calcolíticos y del Bronce Antiguo.
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b) SOBRE EL LITORAL DESDE LISBOA A GADIR:
Acto seguido se yergue el cabo de Ofiusa, hacia los aires y desde el promontorio de Aruio hasta estos parajes hay un viaje de dos días (refiriéndose al Cabo de Roca) . En cambio, la espaciosa ensenada del cabo que se abre desde allí retrocede tierra adentro, no siendo posible navegarlo en su totalidad con un solo viento; pues llegarás a su mitad si te arrastra el Céfiro y el tramo que queda reclama el Noto (aquí menciona la ría de Lisboa, donde para entar se necesita viento del Este) . Si a partir de allí alguien se dirige de nuevo a pie hacia la costa de los tartesios, dificilmente realizará el trayecto en unos cuatro días; si uno dirige sus pasos -desde Tartessos- hacia Nuestro Mar y al puerto de Malaca, tendrá por delante una ruta de cinco soles (suponiendo que a pie se avanzaba por entonces unos cincuenta kilómetros diarios, podemos pensar que desde Lisboa, hasta territorio de los tartessios, habría unos doscientos o trescientos kilómetros. Lo que les llevaría por caminos hasta zonas como el Guadiana Sur; a puntos como Cancho Roano y a áreas próximas a Sevilla-Huelva. Por lo demás, la indicación de a ruta a pié hasta “Tartessos” puede llevarnos a pensar que durante los inviernos era peligroso cruzar el Cabo de Sagres y navegar por el Algarve. Siendo recomendable tomar el citado atajo por tierra, que llegaría hasta las riberas del Guadiana, donde se embarcarían en un tramo fluvial hasta la desembocadura de este río; llegando así pronto a Huelva-Tartessos).
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Sigue Rufo Festo Avieno exponiendo que: “Luego se alza la mole del cabo Cémpsico (que se trataría del Cabo Espichel) Por debajo yace, más lejos, la isla llamada Acale por sus habitantes (se piensa que esta mención es sobre la ínsula de Troia, que en esta época pudo ser un delta en la desembocadura del Sado; apareciendo como una isla que “cerraba” la ría) . Cuesta creer (por maravilloso) la leyenda que se narra sobre esta isla -por lo sorprendente-, pero, son tantos los testimonios, que bastarán para confirmarlo. Dicen que en los aledaños de esta isla el abismo marino no presenta nunca el mismo aspecto que el resto del mar; de hecho, por doquier las olas poseen un resplandor semejante a la transparencia del cristal y, por las profundidades de la marmórea mar, es verdad que las olas tienen un reflejo azulado. En cambio, allá, la superficie del mar está mezclada con un fango repugnante, según recuerdan los antiguos, y siempre se halla apelmazada como en torbellinos turbios de inmundicias (esta cita nos deja ver que antaño hubo una isla más importante en la entrada de la ría, ajena al delta. Aunque quizás se refiere Rufo Festo al islote de Portinho, que podemos observar más arriba; cuyas aguas son absolutamente cristalinas. Pese a todo, lo más lógico es pensar que la referencia a una isla con aguas cristalinas de un lado y turbias de otro, mencionan claramente la diferencia de “mares” de un lado y otro en la bocana del Sado. Refiriéndose al color del océano en ese lugar, que como antes hemos visto en imágenes, es de un tono esmeralda por la zona exterior de la ínsula de Troia. Mientras en el interior de la ría del Sado, los lodos y fangos cambian totalmente de tono. Por lo demás, es muy importante la anterior cita; donde Rufo Festo hablaba de rutas comerciales interiores hacia Malaka y Tartessos, partiendo desde Lisboa. Todo lo que manifiesta y demuestra que en el el siglo IV a.C. ya se conocía la existencia de un transporte continuado de metales y mercancías; llegadas desde Atlántico y llevadas a estas zonas del Sur de Andalucía, donde las embarcarían y distribuirían por el Mediterráneo. Siendo aquel mercado entre el Atlántico -Lisboa- y Tartessos o Malaka, tan contiuado que fue necesario tener alternativas de caminos interiores, con el fin de poder seguir comerciando durante el invierno y en épocas difíciles para la navegación).
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo, varias imágenes de la bahía de Setúbal y Arrábida. Arriba vistas de la entrada a la ría del Sado, tomadas desde las proximidades de la Roca do Casal do Meio. Frente a nosotros, los montes con restos del Bronce Antiguo y abajo el precioso puerto y playas de Porthino. A la derecha, la ínsula de Troia cerrando la bocana del Sado por el lado Sur (al centro y nuestra derecha, donde se distinguen unos edificios altos) y detrás la ría con la ciudad de Setúbal.
Al lado: Las aguas cristalinas de esa zona, fotografiadas en pleno mes de enero (se trata de costas cercanas a Portinho). Observemos su parecido de color con las más bellas del Mediterráneo.
Abajo: Vista de la ría en su interior; embarcadero de Setúbal. Hemos marcado al fondo la hipotética Cetóbriga, que se sitúa en las ruinas de una fábrica de salazón fenicio-romana, en el extremo de la ínsula de Troia (aunque en verdad Setúbal es el emplazamiento de la Cetóbriga, o la Cetobrix ibero-romana). Del otro lado de la bocana vemos la sierra da Arrábida, fotografiada repetidamente en imágenes anteriores. Frente a nosotros, la llegada del barco que une Troia con Setúbal; un trayecto de unas dos millas de distancia en el interior de la ría.
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Para terminar su comentario sobre la zona que estudiamos; nos dirá Avieno que:Los cempsos y los sefes dominan las colinas escarpadas de las tierras de Ofiusa; cerca de éstos, el ágil lucio y la raza de los draganos asentaron sus hogares bajo el rigurosamente nevado septentrión” (Los lucios son los que posteriormente conoceremos como “lusos”) . Por otro lado se halla la isla de Poetanion , hacia la parte de los sefes, y un amplio puerto (esta isla creen algunos autores que puede tratarse de Cachopo d´Sul o Alpeidâo; cuyo nombre se parece en algo a “Petanio”. Pese a todo, está claro de que nos habla de Setúbal o de tierras interiores de la ría del Sado). Después, junto a los cempsos se encuentran los pueblos de los cinetes (los Cinetes o Kynetes en principio se relacionan con los habitantes de Setúbal; aunque se trata de una etnia de enormes dominios; ocupando el Sado, su desembocadura, gran parte del Algarve, El Alentejo -hasta Cabo de San Vicente- y llegando hasta el valle del Guadiana. Podemos considerar a los cinetes de Setúbal -kynetes- los vecinos más próximos y poderosos de los tartessios, en gran parte emparentados con ellos, por cuanto en el sur de Portugal se hablaba y escribía en alfabeto turdetano) .
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A continuación, aparece el cabo Cinético (Cabo de Sagres, o San Vicente; donde ya en esta época se llevaban a cabo ritos de adoración al extremo rocoso tenido por entonces como el punto más occidental de Europa) , en el que mengua la luz sideral y que se yergue a lo alto como el más remoto de la opulenta Europa, se orienta hacia las aguas saladas del océano, plagadas de monstruos” (Los monstruos marinos que menciona Avieno son los que dieron nombre a Cetóbriga -ciudad de los cetaceos-; y aquellos con los que los fenicios atemorizaban a todos los que intentaban viajar por el Atlántico -con el fin de que no les intervinieran sus rutas de los metales-. Asimismo estos monstruos marinos son los que devoraron supuestamente a Jonás, cuando se acercó en una nave de Tarshis hasta nuestras costas. Tratándose con toda seguridad de ballenas, orcas, cachalotes, focas y leones de mar; que por entonces poblaban las costas del Atlántico. Especies extinguidas tras la abusiva caza y pesca llevada a cabo durante milenios por los hombres del litoral peninsular, de los que sabemos vivieron hasta hace un siglo de la pesca de ballenas y cetáceos).
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Para terminar diremos que estos mamíferos del mar, abundaban hace milenios en nuestras costas atlánticas; durante un periodo en que el frío era mucho mayor y los mares estaban más bajos. Siendo posible vararlos y pescarlos con toda facilidad en zonas como las rías de Galicia o las de Portugal -en las marismas del Guadalquivir, la desembocadura del Guadiana o la ría de Huelva-. Pudiendo subsistir un pueblo de mil habitantes durante un año, capturando una sola ballena; lo que les proporcionaba entre veinte y sesenta toneladas de grasa, carne o aceites -usados hasta en los candiles y lucernas, para iluminarse-. Por su parte, mi teoría sobre el inicio de la civilización megalitista, parte de la idea de un mundo ballenero. En el que la técnica usada para captura y arrastre de cetáceos en la prehistoria (con grandes maromas tiradas por varios hombres) propiciaría las fórmulas necesarias para también poder levantar las grandes construcciones de moles pétreas. Valiéndose de la organización usada para varar y sacar las ballenas del mar, utilizando unos procedimientos similares para arrastrar las piedras de los dólmenes o menhires; incluso siguiendo en sus construcciones un canon de belleza similar al de los cetáceos. Pues en verdad, los megalitos nos recuerdan en parte a esos cachalotes o mamíferos del mar gigantescos.
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A los interesados en el tema de las ballenas del Atlántico en etapa protohistórica o durante el megalitismo, les recomendamos leer mi artículo: TESORO BALLENERO Y RUTAS DEL ÁMBAR: HIPÓTESIS SOBRE LOS ORÍGENES DEL MEGALITISMO Y SU SECUENCIA EN TARTESSOS -una interpretación de Jonás-. En cita (8) encontrarán un resumen de este trabajo; pero para quienes deseen leerlo, podrán llegar hasta él, pulsando el siguiente link:
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo varias imágenes de la zona. Arriba, Setúbal visto desde la ínsula de Troia; donde se sitúa una fábrica de salazones fenicia y después romana, que se ha identificado con Cetóbriga (aunque como sabemos, la ciudad antigua de Cetobrix era la misma Setúbal y se hallaba en el castillo de la urbe, sobre la zona del actual ayuntamiento).
Al lado: Las marismas del Sado, ya en el interior de la ría; tal como se distribuyen, con cientos de lagunas y canales. Es de destacar el parecido con las del Rocío o las del Guadalquivir; pues esas andaluzas debieron ser iguales a las del Sado, milenios atrás, cuando el delta y la desembocadura del río aún no se había cerrado -por causa de un terremoto, que vació el lago Ligur, que se extendía antaño donde hoy solo vemos arenas-. Todo ello nos obliga a pensar que esta desembocadura del Sado, debió ser casi idéntica a la del Guadalquivir hace dos mil quinientos años; compartiendo seguramente muy parecidas formas de vida, costumbres y culturas.
Abajo: Ante las palabras escritas y observando las barracas donde aún hacen su vida marineros y turistas en la desembocadura del Sado; hemos de reflexionar entorno a la falta de restos arqueológicos de Tartessos, en las Marismas del Guadalquivir. Donde se han encontrado casi más piezas de oro de esta etapa, que ruinas arquitectónicas de su cultura. Todo lo que se debería a esta forma de habitat entre los tartessios; muy parecida a la que los portugueses del Sado conservan; viviendo en barcos y chozas, como las barracas de Setúbal. Similares a las cabañas africanas, pero muy comunes en todo el litoral sur peninsular; pudiendo encontrarlas aún en Valencia, en la huerta de Murcia, en zonas cercanas al Guadalquivir o en el Sado.
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c) DESDE CABO DE SAN VICENTE A TRAFALGAR:
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Siguiendo con el texto de Rufo Festo Avieno, veremos cómo tras hablarnos de estas tierras de los Cempsios (las gentes de Setúbal) menciona el cabo Sagrado (San Vicente) y la zona de Tartessos -donde también los cempsios tuvieron posesiones-. Describiéndolo en Ora Marítima del siguiente modo -incluiremos nuestros comentarios entre paréntesis, en negrilla y recta; mientras el texto de Avieno aparecerá en cursiva y gris- ver cita (7) :
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El río Ana (Guadiana) fluye allá por medio de los cinetas y surca sus vegas. Del referido río se abren dos brazos, se extiende nuevamente un golfo y el territorio curvándose hacia el mediodía en aguas espesas (habla de la ría de Huelva) . Desde este río consignado se desgajan de repente dos ramales y su caudal, como en lenta formación, rechaza las aguas sucias del golfo ya dicho (en efecto, aquí las profundidades son de puro y denso lodo). En esta zona se levanta a lo alto la cumbre de dos islas, la menor carece de nombre y la otra una costumbre insistente la llamó Agónida (islas perdidas o situadas en la desembocadura de Guadiana:¿Isla Canela, Vila Real?) .
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A continuación causa espanto el impresionante peñón Sagrado (Cabo de Sagres) , erizado de rocas y consagrado a Saturno; hierve la mar agitada y la costa despliega un frente rocoso. Aquí sus habitantes poseen numerosas cabras hirsutas y abundantes machos cabríos, que siempre andan vagando por el territorio cubiertos de maleza; y producen unas cerdas muy alargadas y recias que se utilizan en las tiendas de los campamentos y velamenes o capotes marineros (se refiere al Algarve portugués) . Desde aquí hasta el río se ha dicho que hay un trayecto de un solo día (marca solo una jornada desde Sagres hasta la desembocadura del Guadiana) ; y también que aquí se halla el límite del pueblo de los cinetes (recordemos que los Cinetes eran las gentes de Setúbal y del Sado, cuyos dominios llegaban hasta Tartessos) . El país tartessio es vecino con éstos y el río Tartessos (Guadalquivir) baña la comarca. Después se extiende el macizo consagrado al Céfiro, por lo que la cumbre de este peñón ha sido llamada Cefírida (creemos que ene este caso habla de la zona del Algarve, refiriéndose a puntos cercanos a Faro, famosos por el viento y por sus picos junto al mar) . Pero sus altos picachos, se yerguen en la cima del monte; una gran mole se encarama en los aires y una bruma, como remansada por encima, esconde permanentemente su cabezo nebuloso.
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Toda la comarca que sigue es de terreno cubierto por completo de hierba; a sus habitantes se les ofrece una bóveda celeste llena de niebla, nublada en su parte más alta, el aire es espeso, la luminosidad diurna muy densa y un rocío copioso como el de por la noche. Ninguna brisa logra entrar; ni un soplo de viento despeja la capa alta de la atmósfera: una perezosa calígine se echa sobre las tierras y el suelo se humedece ampliamente (en esta caso está hablando ya de la zona desde el Guadiana hasta el Guadaquivir; rica en prados junto al mar, cargada de nieblas y de vientos inflamados) . Si alguien rebasa con su nave el peñón del Céfiro y penetra en los torbellinos de Nuestro Mar, se ve impulsado de inmediato por los soplos del favonio (creemos que menciona el temible “levante” que se da en la zona del atlántico andaluz; ya que Favolino indica viento del Este -al igual que levante-) (…) Después, de nuevo un promontorio y un opulento cabo santuario consagrado a la Diosa Infernal (un promontorio dedicado a Proserpina, probablemente en la desembocadura del rio Tinto como símbolo de “Regula” o “Rea”, madre de Zeus y cuyo significado era el de sangre menstrual) , el fondo de una gruta recóndita y una entrada disimulada. En las cercanías hay una gran laguna, llamada Erebea (Laguna del Erebo o del infierno; debemos identificarla con alguna charca del rio Tinto y Odiel, donde se situaban las entradas al Averno, habida cuenta su sitiación en el extremo Oeste, pero también la gran cantidad de mineros que allí morían, trabajando el interior de la tierra y en este río que parecía manar sangre) ; más aún, se dice que estuvo antaño por estos parajes la ciudad de Herbi ; que consumida por las tempestades y las guerras, al fin sólo dejó en este territorio su recuerdo y su nombre (a mi juicio es la que daría nombre a Huelva, refundada por los fenicios como "Onuba". Aunque pudo llamarse antes Herbi, y como derivación desde HERBI se llegaría a nuestra HUELVA -más cercana fonéticamente que Onoba-. Cuyo nombre se dentifica con las formas de llamar al infierno o al extremo oeste: Erebo. Todo lo que explicaría su templo y adoración a Proserpina o la identificación de Herebi con el Averno, al verter allí sus aguas el río Tinto; cuyo tinte nace de las minas y del infernal trabajo de los que en ellas laboraban) .
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo, imágenes del Sado y su ría. Arriba, embarcaderos y canales de las marismas de este río; observemos las turbias aguas, tal como las describe Rufo Feto Avieno (en comparación con las cristalinas que hay en el exterior de la bocana).
Al lado: De nuevo, una de las barracas del Sado; tipo de viviendas en las que habitarían los tartessios, todo lo que restaría enormemente la posibilidad de hallar restos arqueológicos. Algo que no sucede en las poblaciones del Norte y donde el frío impera; necesitando vivir en casas de piedra y bien construidas.
Abajo: Imagen de la fábrica de salazón romana, situada en la ínsula de Troia y por ello identificada con Cetóbriga. Como sabemos esta ciudad lusa se hallaba en Setúbal, aunque la arqueología “turísitica” ha preferido situarla actualmente en ese promontorio y del otro lado de la ría.
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SIGUE RUFO AVIENO DICIENDO:
Entretanto, acto seguido, corre el río Ebro (Se trata de la desembocadura del Tinto y el Odiel, que se identificaba con el río del Erebo; el infernal) y su Caudal fecunda los terruños. La mayor parte de los autores refieren que los iberos se llaman así justo por este río y no por aquel otro río que corre entre los valerosos vascones. Pues a toda la zona de este pueblo que se encuentra junto a tal río, en dirección occidente, se la denomina Iberia (como ya hemos explicado repetidas veces; en mi teoría, la voz Ereba ó Iberia, procedería de “Hesperia”; palabra griega que significa “Occidente”, “atardecer” y “extremo Oeste”. Pero por derivación puede entenderse “final del Mundo” y “Ocaso” o con el “fin de la vida”; de lo que la identificación entre Ebero y Erebo era inevitable. Asimismo, el origen de esta voz que denomina al rio Ebro, a Iberia, a Evora o al afluente citado por Avieno como Ebro; puede fijarse también en radicales indoarianos, significando lo mismo que la helena “hesperia”: “Sol en el Agua”. Atardecer u ocaso, que se diría en lenguas indoeropeas “SVARI”, ya que sol es SVAR y agua VARI. La unión y crasis de ambas voces daría como resultado EBARI o IBERI, de la que surgirían palabras como Ebero, Hesperia, Evora, Ebro, Iberia y hasta Sefardi) (9) .
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Sin embargo el área oriental abarca a tartesios y cilbicenos.Después se halla la isla de Cartare (algunos piensan que se trata de una confusión con la isla de Carteya, en Cadiz; pues se refiere a la de Saltes, en Huelva) y es una tradición con bastante fundamento el que la dominaron primero los cempsos; rechazados luego por la guerra con sus vecinos, se desperdigaron en busca de distintos asentamientos (vemos aquí que los Cempsios de Portugal, llegaban hasta este límite; pudiendo tratarse los de Setúbal de gentes muy cercanas a Tartessos, todo lo que explicará por qué en el Algarve vamos a encontrar estelas muy tempranas escritas en alfabeto turdetano) . Se yergue luego la mole del monte Casio y a partir de su nombre la lengua griega llamó primero casítero al estaño (algunos consideran que este monte Casio es Mazagón o Torre Carbonero; aunque más recientemente hay investigadores que identifican este Monte Casio con Caura -Coria del Rio- y los santuarios tartessios allí hallados)
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Después sigue la prominencia de un santuario y, en lontananza, la fortaleza de Geronte, que lleva un antiguo nombre griego, pues hemos oído decir que en tiempos pasados a partir de ella se dio nombre a Gerión (el Arx Gerontis se considera situado en la desembocadura del Guadalquivir; cerca de Chipiona -Asta Regia, Torre de Escipiones y Arx Gerontis-. Pese a ello, no hay que olvidar una hipótesis personal mía y que lo identifica con Jerez -por su homonimia- o mejor con mesas de Asta) .Aquí se encuentran las amplias costas del golfo travesío y desde el río Ana, ya nombrado, hasta estos territorios las naves tienen un día de trayecto (habla de que el trayecto entre Cádiz y el Guadiana era de un día; como sabemos que entre ese río y el cabo de Sagres había otra jornada, podemos determinar que para cruzar Cabo de San Vicente, procediendo de Cádiz, tardaban dos días) . Aquí se halla la ciudadela de Gadir, ya que en la lengua de los cartagineses se llamaba Gadir a un lugar vallado. Esta misma ciudad fue denominada primero Tartesso (identifica y confunde Tartessos -ya desaparecida en el siglo VI a.C.- con la Gadir que Avieno verá) , ciudad importante y rica en tiempos remotos; ahora pobre; ahora empequeñecida; ahora, arrumbada; ahora, en fin, un simple campo de ruinas.
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Sigue Rufo Festo a continuación con la descripción de Tartessos del siguiente modo: Pero el río Tarteso (Guadalquivir) , fluyendo desde el lago Ligustino (Lago Ligur) , a campo traviesa, envuelve una isla (Isla Mayor, en el Guadalquivir) de pleno con el curso de sus aguas. No corre adelante por un cauce único, ni es uno solo en surcar el territorio que se le ofrece al paso, pues, de hecho, por la zona en que rompe la luz del alba, se echa a las campiñas por tres cauces; en dos ocasiones, y también por dos tramos, baña el sector meridional de la ciudad (describe aquí la urbe real -bassileia- de Tartessos; situada sobre una isla cercana a Isla Mayor y bañada por varios cauces del Guadalquivir en Lago Ligur, al principio de aquella laguna y sobre el delta que conformaban la ría Lisgustina, en las actuales marismas) . Por su parte, el monte Argentario se recorta sobre la laguna; así llamado en la Antigüedad a causa de su belleza, pues sus laderas brillan por la abundancia de estaño y, visto de lejos irradia más luminosidad aún a los aires, cuando el sol hiere con fuego las alturas de sus cumbres (es este el que se confunde con el Mons Casius; creyéndose que puede tratarse de Coria del Río o bien de Valencina de la Concepción) . Este mismo río, además, arrastra en sus aguas pepitas de estaño pesado y transporta este preciado mineral a la vera de las murallas (vemos aquí las murallas de Tartessos bañadas por el río Guadalquivir convertido en lago, ya al final de su recorrido, mientras arrastraba estaño hasta el lugar) . A partir de aquí una extensa región se aleja de la llanura de aguas saladas, tierra adentro (el dato indica que a partir de un punto el lago ya era salado; y antes de ello estaba Tartessos; lo que nos obliga a situarlo tierra adentro y quizás en la actual Sevilla) ; la raza de los etmaneos la habita. Y después, por otro lado, hasta los labrantíos de los cempsos, se extienden los ileates sobre tierras fértiles; si bien las zonas marítimas las controlan los cilbicenos (de nuevo vemos a los cempsios de Setúbal lindando con los iliotas que trabajaban estas tierras de Tartessos).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado: Otros dos mapas míos; en este caso la distribución del Vaso Campaniforme y de los megalitos -arriba-; y los yacimientos de ámbar y metales preciosos, junto a sus rutas de búsqueda por el Mediterráneo y el Atlántico.
Abajo: Otro mapa mío en el que fijo los yacimientos y las rutas desde la más remota antigüedad. Observemos que apenas hay cobre en mediterráneo Oriental (a excepción de algunas minas en Chipre y Grecia, que pronto se agotaron). Que tan solo hay yacimientos cúpreos en Cerdeña y la Península; estos últimos, los más abundantes. Por lo que para lograr cobre y estaño había que aventurarse hacia el Atlántico o sino ir al Cáucaso y a la desembocadura del Danubio; todo lo que suponía cruzar el estrecho del Bósforo que cuidaba y vigilaba Troya. Aunque tras la invención y difusión del Hierro (desde el siglo XIII a.C.), Troya y Anatolia perdieron su hegemonía sobre este paso, siendo invadida por los pueblos indoeuropeos (armados ya con el nuevo metal).
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A) – 3º. CONCLUSIONES AL ESTUDIO DE LA PROFESORA ARRUDA.
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A) - 3º- I. Nuestro concepto sobre precolonización y protocolonización:
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Como expresábamos, Ana Margarita Arruda terminaba su nudo argumental exponiendo que el problema del desconocimiento acerca de los posibles precoloniadores de Portugal; estriba en el poco interés que siempre ha suscitado el estudio del Bronce Final. De tal modo, no es posible saber qué ha sucedido en aquellas tierras durante el segundo milenio a.C., principalmente porque no se han excavado los yacimientos que podrían aportarnos las pruebas de los acontecimientos. Añadiremos que -a mi juicio- esto sucede, porque los objetos y enseres que se obtienen en tales excavaciones del Bronce Bajo, son de muy poco valor estético y del menor interés museístico (aunque de un gran significado arqueológico). Pues una simple ánfora fenicia o romana, puede ser más interesante para exhibir y observar; que los fragmentos de cerámicas y piezas de metal -desgastadas- que se obtienen en los suelos del Final del Bronce. Donde la documentación que hallaremos se obtiene desenterrando huesos, junto a simples trozos de barro rotos y restos de metales cúpreos; todos en tan mal estado que a esos yacimientos del segundo milenio se les suele denominar “basureros”.
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Pese a ello, aquellas “basuras del Bronce” pueden aportar más documentación de la imaginable; ya que nos facilitan los datos necesarios para saber quiénes vinieron hasta la Península durante ese periodo (antes de la aparición del Hierro). Descubriéndonos nuestros precolonizadores, junto a los protocolonizadores. Pues a mi modo de ver, la “precolonización” peninsular (de los siglos XII al IX a.C.) se produjo por efecto de la aparición del Hierro en Anatolia y la difusión del nuevo metal por Oriente Medio, Egipto y el Egeo. Una etapa que podemos fechar desde mediados del siglo XIII a.C. al 950 a.C.; cuando en el Oriente mediterráneo los hombres armados con hierro expulsan de Anatolia y Asia menor a los antiguos moradores, que habían dominado la zona durante siglos o milenios (hittitas y mittanios principalmente). Quienes se ven obligados a huir de sus tierras (por empuje del hierro) y entre los que se hallaban los que llamamos Pueblos del Mar; de los que sabemos, vagaron cientos de años por el Mediterráneo, en busca de territorio y patria. Aunque esas gentes del Mar lograron pronto organizarse y armarse con hierro; atacando con furia las diferentes islas y costas del Este. Enfrentándose a Ramsés III y llegando más tarde a vencer a los ejércitos del Nilo; tanto que proclamarán una dinastía con faraón de su raza (llamado Sheshonq I).
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Por su parte, sabemos que el resto de pueblos pertenecientes a las culturas del Bronce que habitaban hasta entonces el Egeo, Creta o Chipre (minóico-micénicos); entran en decadencia tras la aparición del Hierro en Anatolia. Huyendo hacia Canaán o bien hacia las zonas del Occidente lejano -al menos a mi juicio-. Conociéndose que aquellos micenios y cretochipriotas exiliados, establecidos en la zona comprendida desde el Sur de Siria hasta Egipto; terminan denominándose filisteos o bien adoptando la religión judía (incorporándose a Israel como algunas de las tribus del Norte). Aunque nos falta por saber qué fue de los que marcharon hacia el Oeste, siguiendo las rutas del estaño atlántico y llegando hasta Cerdeña e Iberia. Así como el final de muchos de los Pueblos del Mar, que sin lograr establecerse en Egipto ni en Oriente Medio o el Egeo; se ven obligados a ir también hacia el Occidente. Siendo algunos de ellos los que darían origen a los etruscos; que se supone descenderían del pueblo Turta o Tirseno, escapado de Anatolia y procedente de esas hordas del Mar (denominado Teresh en los doumentos que los mencionan). Así como otros navegarían hacia las costas de Cerdeña; donde iniciarían la civilización Nuraga, nacida desde una de las tribus del Mar homónima (la “shardanas”). Quedando residuos de la posible llegada hasta Iberia de los Mashawa y de los Teresh. Pueblos del Mar que muchos ven entre las tribus iberas del Sur, como los Bastetanos, Mastetanos y los Bastienos (descendiente de los Mashawas). Siendo posible que entre los Teresh, algunos se trasladasen hasta el Sur Peninsular, convirtiéndose en turdetanos, túrdulos o tartessios.
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes mapas trazados por mí (partiendo desde un atlas de mediados del siglo XX). Arriba: La bahía del Atlántico, hace tres mil años; desde el río Guadiana (Ayamonte) hasta Cádiz-San Fernando. Observemos en su centro el Lago Ligur, en la desembocadura del Guadalquivir. La enorme ría comenzaba a la altura de Sevilla-Coria, donde por entonces desembocaba el caudal, que por efecto de las mareas se desbordaba antes, produciendo marismas en los campos de la actual Carmona. Más tarde, llegaba su cauce ya irregular a Sevilla, donde desembocaba el Guadalquivir en el “Lago Ligustino”, formando la enorme ría comprendida entre aquel punto y Sanlúcar. En la zona de Sevilla, quedarían al descubierto los cabezos (llamados carambolos), semejando islas y montes a orillas del Guadalquivir; llegando así el caudal aún cerrado hasta Coria del Río (igualmente en un alto, que encauzaría las aguas justo antes de abrirse en el enorme lago). Posteriormente, algunas montañas y promontorios saldrían de las aguas, que finalmente desembocarían en el Atlántico; sorteando una salida, entre la actual Sanlucar y el brazo de tierra de Doñana.
Al lado: Mapa de la ría del Sado que ya antes habíamos visto. Lo recojo de nuevo con el fin de comparar este gran lago que contiene la desembocadura del Sado, con el que había entre Sevilla y Sanlúcar hace tres mil años. La riqueza de un lugar así no solo se cierne a su uso portuario y a su disposición para ser habitado por los pescadores y marineros -viviendo en sus barcas-. Sino, también contiene una enorme variedad cinegética y de pesca, pudiendo allí cazarse infinidad de ánades a la vez que se logran convertir sus canales en verdaderas piscifactorías. Por lo demás, es posible cultivar gran parte de sus terrenos, trabajados entre canales; que libres de agua salada -pero compartiendo este mineral- dan cosechas de fácil labor y enorme producción.
Abajo: Detalle del mapa que habíamos visto arriba, en este caso conteniendo solo una parte (la que se refiere al antiguo Lago Ligur). Sobre este he marcado (con una estrella y número) los lugares en los que con mayor probabilidad podría haberse situado la desaparecida Tartessos.
1º-Primero, con estrella y un 1: Emplazamiento en que creyó Adolf Schulten estaría la ciudad (junto al Cerro del Trigo, en Doñana, al final del Guadaquivir). Tras haber excavado allí incesantemente el genio alemán, sin lograr dar con el paradero de la capital Tartessía (la urbe real o “basileia”); muchos otros han sido de igual o parecida opinión -entre ellos Juan Carlos Alonso, a quien debemos un bellísimo dibujo de la zona que más abajo recojo-.
2º-En segundo lugar (marcado con estrella y un 2): Algunas islas o islotes que quedarían en mitad del lago, al ser cerros. Entre ellas se destacan Casa Alta y La Compañía -que de seguro estuvieron habitadas en época tartessia-.
3º-En tercer término (marcado con estrella y un 3): Coria del Río. Una hipótesis seguida por muchos, pero desarrollada por Fco. José Barragán de la Rosa de un modo tan laborioso como genial, en su “PÁGINA SOBRE TARTESSOS”. Web que recomendamos visitar pulsando:
CAURA Y ORIPPO EN EL ENTORNO DE TARTESSOS
4º-En cuarto lugar (marcado con estrella y un 4): Sevilla (Camas, Valencina). Esta hipótesis -a mi juicio- es la más probable, considerando que Tartessos estuviera en el margen Oeste del Guadalquivir, bajo la actual Sevilla. Quedando las ciudades santas al lado opuesto del cauce: Camas (con el cerro de El Carambolo), Valencina con sus dólmenes y Coria (con los santuarios tartessios de San Juan). Siendo posible que la margen derecha (S-Este) del Guadalquivir fuera zona habitada por la población tartessia y sus nobles; mientras la orilla izquierda (N-Oeste) fuese utilizada principalmente para fines religiosos. Todo lo que explicaría la sacralidad de Doñaña (hasta nuestros días) y los santuarios tartessios hallados en El Carambolo o en Coria.
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes mapas que recogen el Lago Ligur, en la desembocadura del Guadalquivir. Arriba, un precioso dibujo de Juan Carlos Alonso donde el autor ilustra con imágenes muy bellas cómo pudo ser aquel Lago Ligustino; situando Tartessos frente a SanLúcar y marcando las ciudades, santuarios y puntos de mayor relevancia hace veinticinco siglos. El dibujo fue publicado en el libro de Juan Carlos Alonso “Tartessos -ocaso de un día y una noche-” (Madrid 1982); donde se explica el final de esta civilización en un relato novelado con gran argumentación histórica, que debiera ser tenido en cuenta por algún cineasta para llevarlo a la pantalla (como documental o película).
Al lado: Detalle del mapa publicado en 1572 (Regni Hispaniae post omnium editiones locupletissima descriptio). Hemos recortado desde la bahía del Sado hasta el Norte de África; pues si observamos aquí la desembocadura del Guadalquivir veremos dibujada una enorme ría con varias islas en su mitad.

Al lado: Detalle del mapa publicado por Abraham Ortelius en 1586. De nuevo lo hemos recortado, dejando el litoral desde Cádiz a Lisboa. En este caso en la desembocadura del Guadalquivir se observan dos grandes brazos fluviales, con tierra en su mitad. A la salida de estos ríos escribe (Tartessus Cir - ces Perkes et Baetis flumen); señalando los distintos nombres que tuvo el río: Tartessos, Casiteres, Perques y Betis). En su zona de isla o tierra media de la desembocadura escribe CARYA (dando a entender una identificación con Cauria -Coria- es posiblemente Carteya también). Más arriba marca Orippo en territorio de la isla central, que termina en Lebrissa; comprendiéndose entonces que aquel atolón que se halla en mitad del Guadalquivir llega tan solo hasta la actual Lebrija.
Abajo: Mapa del Lago Ligur e inmediaciones, tal como lo publicó Adolf Schulten en 1921, en su libro Tartessos (que ha reeditado repetidamente la colección Austral, entre otros). En este caso, el lago comienza desde Coria y sitúa Tartessos en el Cerro del trigo, la desembocadura (en Doñana).
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Por todo cuanto decimos, a mi juicio, debemos denominar “precolonizadores” a esas gentes del bronce venidas desde Oriente Medio o del Este Mediterráneo; cuando se ven obligadas a huir de su tierra de origen, desde el siglo XIII al X a.C.. Tras la aparición y difusión del hierro, al desaparecer el mundo hitita (primero) y más tarde Micenas y la Creta minóica. Debido a los hechos que describimos, nos será posible comprender el recuerdo que permanece en nuestras culturas del Occidente mediterráneo; cuando sus leyendas hablan de que muchos de los primeros héroes fundacionales procedían de Troya (llegando a Iberia, Italia, Sicilia o Cerdeña, tras aquella guerra). Una contienda que -a mi modo de ver- simboliza la caída de las civilizaciones de El Bronce en Anatolia y su sustitución por las del Hierro; fechándose los hechos que recoge La Iliada en ese periodo de cambio entre ambas fases históricas (entorno al 1212 a.C.). Momento en que quienes habían gobernado durante milenios esta zona del Oriente mediterráneo; tras la aparición del nuevo metal, hubieron de huir o rendirse al invasor férreo. Teniendo como único destino en su exilio, algunas zonas de Canaán o de Occidente mediterráneo (Italia, Sicilia, Córcega y Cerdeña o la Península Ibérica). Por todo lo que entendemos que en numerosos casos, entre los tirsenos y tarascos (etruscos y massiliotas), o en el mismo Sur de Iberia; la mitología y las leyendas recojan que los fundadores de su cultura o de ciudades costeras, fueron héroes venidos de Troya. Guerreros troyanos, que como Menesteo originarían baluartes del Sur hispano, como el que hoy conocemos con el nombre de Santa María (antes Puerto Menesteo).
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Consecuentemente, y a mi juicio; aquellos venidos tras la caída del Bronce en Oriente Medio, serían nuestros “precolonizadores”; llegados del Egeo, de Creta o Chipre y Cerdeña. Pero también sabemos -por evidencia de contactos anteriores entre el Mediterráneo y el Atlántico-, que durante el tercer y segundo milenio a.C., hubo otras olas de visitantes que viajarían desde el otro lado del mar, hasta nuestras costas. Navegantes que vinieron durante más de dos milenios en busca del ámbar, la plata y el oro (primero), pero más tarde para llevarse el estaño y el cobre. Cuando se difunde y generaliza la Edad del Bronce en Oriente Medio y Egipto (desde el 2800 a.C. aprox.); momento en el que tuvieron que buscar los yacimientos del metal cúpreo y de la cassiterita, tan escasos en el Mediterráneo. Siendo estos primeros visitantes los que personalmente yo llamo “proto-colonizadores”; quienes recorrerían nuestras costas en busca de metales desde el 2800 al 1600 a.C.. Generando en la Península y en la Edad del Bronce (Antigua y Media); potenciando a su vez el megalitismo que desde entonces se confirmará como una gran civilización atlántica. Cultura pétrea que reconstruirá o construirá parte de sus grandes monumentos junto al Océano, durante esta etapa que hablamos -el Bronce Antiguo y Medio peninsular, entorno a los años 2800 y 1600 a.C.-.
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De tal manera, creemos que aquellas grandes moles pétreas levantadas en tierras de Iberia y en las de Francia, en las Islas Británicas y en el resto de lugares próximos a las costas europeas (llegando hasta Escandinavia). Servirían como una identificación cultural o señal religiosa, capaz de unir a aquellos que comerciaban y trocaban en el litoral atlántico, con las gentes venidas por mar. Aunando a los indígenas, que cruzaban en sus pequeños barcos las playas y cabos de Europa, mercadeando sus enseres; al igual que haría con los visitantes, llegados desde el Mediterráneo. Navegantes todos: Unos autóctonos, que en sus canoas se atrevían a subir en verano hasta los mares del Norte en busca de ámbar o metales preciosos. Y otros extraños, que arribaban a nuestras costas procedentes de Oriente Medio, de las islas del Egeo y especialmente de Biblos. Visitantes del Este, que posiblemente por aquel entonces no pasarían El Estrecho de Gibraltar; debido a su peligrosidad y a la diferencia de navegación (entre la oceánica y la interior). Trocando en las costas de Levante, Málaga y Almería, con los habitantes del lugar y con aquellos del litoral atlántico que hasta allí llevasen sus mercancías (por tierra o en barcos). Cambiando allí metales y ámbar obtenidos desde tierras tan “lejanas” como Portugal, Galicia, Bretaña, las islas Británicas y el resto de costas europeas (hasta las de Escandinavia).
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes imágenes. Arriba, mapa mío, de las principales zonas para batear oro en la Península ibérica (marcadas las que también tienen plata). A su lado, los puntos de hallazgo del Bronce Antiguo y Medio.
Al lado, un dibujo también mío de la sal que distribuimos en Japón; donde vendemos “Marisol”, una de las mejores flores de sal del Mundo y que se recoge en el Algarve. La existencia de innumerables salinas entre Alcazer do Sal y Faro, cuya calidad es de las primeras mundiales; facilitaría en la protohistoria, no solo el comercio de salazones, sino también el sistema de poder. Pues tal como explica en numerosos trabajos el profesor Delibes (10) : “durante la Antigüedad; tierra adentro la sal es como oro blanco”; imprescindible para que no se pudran los alimentos y sobre todo para fabricar embutidos y cecinas. De tal manera, se entiende el poder que los tartessios (lusianos y turdetanos) pudieron tener sobre los iberos de la meseta, donde en ocasiones no existen minas de sal en centenares de kilómetros. Ya que como expone repetidamente Germán Delibes, desde la expansión del Vaso Campaniforme, en la Meseta central las zonas de poder y de aculturación van unidas a las salinas o al trasiego de la sal. De este comercio y distribución pudo proceder la Ruta de la Plata, habida cuenta que en esta zona de Castilla y Extremadura no hay apenas sal (salvo en Villafafila, el Sur de Valladolid y Poza de la Sal -en Burgos-). Pudiendo llevarse mulas y carros cargados de sal y salazones, para traerlos llenos de oro y plata del Duero o de Orense.
Abajo: Las principales vías de comunicación del Sur, en etapa ibérica (desde un primer mapa de J.L. Pellón que hemos mejorado). He completado el plano con algunos datos y varias de mis ideas acerca de los diferentes caminos que por entonces existirían: Ruta de Heracles (desde Levante a Tartessos); Ruta de Aníbal, por la que comerciaban los fenicios los metales de Andalucía y centro de la Península. Ruta de Lisboa a Tartessos; Vías desde Tartessos a Mainake y a Malaka (citada por Avieno).
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De tal manera, Tartessos sería el fruto de esa segunda “precolonización” llegada desde el siglo XII a.C. a la Península. Pueblos del Mar huidos al occidente y gentes venidas del mundo minóico y del micénico, que por entonces tocaba a su fin. Quienes con la ayuda de puertos y lugares intermedios (como Cerdeña), se establecerían nuestras tierras, para reiniciar aquí una nueva vida. Logrando rehacerse como mercaderes e intermediarios del metal y distribuyendo de nuevo por el Mediterráneo, el oro, plata, cobre y estaño del Atlántico. Valiéndose del apoyo de baluartes y tierras situadas a media escala, en el camino hacia Oriente Medio; lugares como Sicilia o Cerdeña, que les servirían de paso, puerto y corte en las rutas de sus metales. Pudiendo comerciar de ese modo las mercancías, sin que “extraños interesados” lograsen seguir a los barcos hasta el Atlántico (para averiguar de dónde procedía tanta riqueza...). Unos hechos que darían como fruto las nuevas civilizaciones que nacen en la Península en esta etapa del Bronce Final; principalmente Tartessos, surgida entre el siglo XI y el IX a.C.; antes de que hicieran su aparición en nuestras costas los hombres del hierro.
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Finalmente añadiremos que por “hombres del hierro” y verdaderos “colonizadores”, hemos de entender a los fenicios y griegos; quienes como colonos logran establecer sus urbes y factorías en las costas de Iberia. Pese a ello, no hay que olvidar que vivieron en un estado de convivencia y pactos perpetuos con los habitantes autóctonos; tanto que en el caso de las ciudades helenas, estaban sometidas a una extrema vigilancia, pues eran asaltadas por los iberos (vecinos) cuando creían necesario acosar a los visitantes. Por su parte, las ciudades fenicias también debieron de convivir bajo acuerdos entre ambas partes (habitantes locales y navegantes extranjeros). Aunque parece ser que el establecimiento de baluartes fenicios se llevó a cabo por la fuerza y tomando militarmente los puntos en los que estos querían establecerse. Pese a lo expresado, tan solo podemos considerar verdaderos colonos a los cartagineses; quienes tomarán bajo su mando amplias zonas de la Península, donde incluso esclavizan y obligan a ser sus mercenarios a tribus enteras ibéricas (aunque no debemos de olvidar que Aníbal tuvo que casarse con la hija del rey de Oretania -Himilce-; para poder explotar las minas del Alto Guadalquivir...).
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Por todo lo dicho; a mi juicio, los “precolonizadores” peninsulares fueron aquellos huidos de Oriente Medio desde el sigo XIV al X a.C.; y los “protocolonizadores” son los que desde el 2800 al 1300 a.C. estuvieron visitando la Península, viajando desde el oriente mediterráneo (para comerciar o intercambiar productos y bienes con los habitantes autóctonos). Debiéndose pensar que los precolonizadores ya se establecieron en nuestras tierras, aunque de un modo no agresivo. Pues aquellos que llegarían huyendo de las convulsiones del Hierro, producidas en Oriente Medio; tendrían que buscarse un nuevo futuro en el extremo Occidente. Logrando de seguro, abrir nuevamente el mercado de los metales que antes dominaron (a través de Creta, El Egeo, Chipre o Biblos); algo que seguramente pudieron hacer a través de intermediarios como Cerdeña. Que fue la gran exportadora de cobre y estaño entre los siglos XIII y el IX a.C., sin tener capacidad de producir las cantidades que vendió. Un comercio de metales del atlántico famoso en el Mediterráneo (durante los primeros siglos del milenio) que vendrían siguiendo posteriormente nuestros “colonizadores”; aquellos que vienen con Hierro, después del 825 a.C., fecha que se considera como el inicio en las primeras visitas de fenicios al litoral de Iberia (siguiendo a Torres Ortiz).
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JUNTO, SOBRE ESTAS LINEAS: Al lado, templo romano de Évora (fotografía nocturna de Chiho Onózuka). Esta ciudad, parece por su nombre, su belleza y su grandeza, la capital de los iberos desde los tiempos más remotos. Es un punto central y crucial; encrucijada entre megalitos y yacimientos de la Edad del Bronce, con una riqueza cultural y estética que la hace incomparable. Abajo, interior del Museo Arqueológico de Évora (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En la vitrina podemos ver distintos objetos de la Edad del Bronce (Antiguo, Medio y Final) entre los que destacan hachas planas, hachas de talón (arriba), una espada de lengua de carpa (al lado) palmelas (abajo), lingotes o espirales de oro (abajo). Cuencos (en medio), espetos rituales (a la derecha), muñecos o exvotos de animales y personas (abajo). Muchos de ellos han sido hallados en los lugares que nos marca la profesora Arruda como yacimientos principales de Portugal (Setúbal, Monforte, Arraiolos, Monsaraz, Évora etc).
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A) - 3º- II . DIFERENTES HALLAZGOS DEL BRONCE BAJO EN PORTUGAL, CON INFLUENCIAS MEDITERRÁNEAS -SEGÚN LA PROFESORA ARRUDA-:
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Tras expresar Ana Margarita Arruda claramente que no se sabe más sobre el Final del Bronce portugués y acerca de los “precolonizadores”, porque no hay gran interés por excavar sus yacimientos (ni por estudiar esa época). Viene a proponer un primer listado de lugares que pertenecen a esta etapa, donde se han encontrado fíbulas, enseres de metál o cerámicos y hasta construcciones con una clara influencia mediterránea (principalmente Egea o Nurágica). Comenzando por citar la Roca do Casal de Meio; ya comentado y situado en la sierra de Arrábida, junto a Setúbal. Tras hablarnos de aquel tholos, pasa a narrar hallazgos de igual carácter en Alcazar do Sal. Mencionando concretamente una fíbula de bronce, fechada entre el siglo XI y X y que claramente es igual a las que se dan en zonas como Cerdeña (11) . Pasando luego a mencionar otros tantos objetos y yacimientos del Bronce Final con rasgos orientales, entre los que recoge:
-CABEÇA DE VAIAMONTE (MONFORTE)
-CASTELO DE ARRAIOLOS
-COROA DO FRADE (ÉVORA)
-ROCHA DO VIGIO (REGUENGOS DE MONSARAZ)
-SERRA ALTA (MOURA)
-BALEIZÃO (BEJA)
-PÉ DO CASTELO (BEJA)
-ATALAIA (OURIQUE)
-PASSO ALTO (SERPA)
-NOSSA SENHORA DA COLA (OURIQUE)
-A QUINTA DO MARCELO
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Si a los antes citados, sumamos la Roca do Casal y las estelas decoradas (que la profesora Arruda incluye como objetos de influencia oriental); observaremos que son muy numerosos los hallazgos del sur portugués pertenecientes al Bronce Final relacionado con el Mediterráneo -al menos trece casos-. Pero no solo ello, sino a mi juicio, también deberíamos apreciar la unión de estos yacimientos con zonas del megalitismo. Todo lo que explica que el Bajo Bronce en Portugal sea “nieto” de las civilizaciones dolménicas; del mismo modo que el Bronce Antiguo y Medio sería el hijo de aquellas culturas constructoras de megalitos -al menos, a mi entender-. Pues si lo estudiamos bien, veremos siempre los asentamientos de la Edad del Bronce junto a los puntos de enorme afluencia dolménica. Tal como sucede con los yacimientos que menciona la profesora Arruda, situados en la linea de Setúbal a Évora, y de Monsarraz a Marvao. Un área de dominio pleno de esa cultura ciclópea, que se iniciaría “mirando al mar”, buscando ámbar, oro y plata -como parece evidente-. Pues bastará comparar la situación de los megalitos y la de las minas o ríos con oro y plata; para llegar a la conclusión de que esa civilización se asentaba junto a las costas, siguiendo siempre vetas de metales preciosos. Aunque su inicio se marca en una época en la que no existía la metalurgia, sabemos que intercambiaban ámbar, gemas y oro. Teniendo que trabajar el mineral de oro en frío; batiéndolo a martillo y uniéndolo al golpearlo y modelarlo con el calor de las hogueras. Por lo demás, para comprender la importancia de esta civilización de los menhires, cromlechs y túmulos en Portugal, y su unión con la Edad del Bronce, recogemos a continuación una sucesión de fotos (donde podemos ver sus enseres, lugares y construcciones comunes).
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JUNTO, SOBRE ESTAS LINEAS: Al lado, dos cuencos del Bronce Bajo -del Museo de Évora, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen- En el de la derecha se observan influencias mediterráneas, el otro es de tipología campaniforme; ambos vasos fueron hallados en Reguengos de Monsaraz. Abajo el dolmen del Olivar da Pena en Reguengos de Monsaraz.
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JUNTO, SOBRE ESTAS LINEAS: Al lado, de nuevo el dolmen del Olivar da Pena, de Reguengos de Monsaraz, fechado en el IV milenio a.C.. En el interior del megalito estoy yo, con el fin de que podamos proporcionar su tamaño (no por otro motivo...). Abajo, arco de entrada a la muralla de Monsaraz; maravillosa población que corona esta llanura plena de megalitos.








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JUNTO, SOBRE ESTAS LINEAS: Al lado, el cromlech de Monsaraz, sito en la bajada de su muralla (me encuentro observando su gnomon central). Abajo, paisaje y vista desde Monsaraz, comprendiéndose no solo la belleza de este paraje cargado de megalitos, sino también el alcance del punto como vigía.




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A) - 3º- III. LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUDOESTE Y CONCLUSIONES DE LA PROFESORA ARRUDA: (12)
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Termina la investigadora hablado de las estelas del Bajo Bronce; un importante tema, que ya concierne directamente a Tartessos. Aunque entre estas losas lusas decoradas se encuentran dos tipologías; primero, las que llamamos “estelas alentejanas” y más tarde, las denominadas “estelas diademadas o de guerrero” (tartéssicas). Las primeras se consideran directamente antecesoras de las segundas y fabricadas en una etapa muy anterior, que se calcula entorno al siglo XIII a.C. (inicio del Bronce Final). Aunque estas estelas del Alentejo no pertenecen exactamente a la zona, ni a la cultura de Tartessos; marcan un territorio y una etapa anterior común; un área pretartéssica que ya podemos fechar desde el 1300 a.C.. Momento en que se estaría fraguando lo que será el Bronce Final a la “espera” del Hierro, todo que provocará el florecimiento de Tartessos. Una civilización que hemos de suponer surgida del intercambio entre Oriente y Occidente; motivada -como dijimos- porque desde el siglo XIII a.C. se vieron obligados a huir hasta nuestras tierras muchos pueblos, expulsados por las hordas del Hierro. Antiguos habitantes del Egeo, de Creta, Chipre u Oriente Medio; forzados al exilio cuando los ejércitos armados con ese nuevo metal comenzaron a expandirse desde Anatolia (principalmente tribus indoeuropeas). Logrando desde ese siglo XIII a.C. el triunfo paulatino de los hombres del Hierro; que gobernaran la zona hoy llamada Turquía y donde se establecerían como nuevas castas dominadoras (indoarianas) tras la Guerra de Troya (1212 a.C. aprox).
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Sería este el momento en el que -ya dijimos- vendrían hasta el extremo Occidente sucesivas oleadas de visitantes; unos exiliados y otros con la intención de renovar los tratos comerciales, para poder seguir distribuyendo por el Mediterráneo los metales preciosos del Atlántico. Todo lo que generaría esa etapa denominada Bronce Bajo, cuyo inicio se marca con la desaparición de la Cultura del Argar (entorno al 1650 a.C.); una civilización peninsular que de seguro estaba muy ligada al Egeo o al Mediterráneo oriental. Tanto como para que al destruirse Creta y Chipre, con el terremoto y estallidos del volcán Tera-Santorino (circa 1680 a.C.); poco después desapareciese -El Argar- dando así comienzo e final del Bronce peninsular. Más tarde, tras el descubrimiento del templado del acero llevado a cabo en el Cáucaso hacia el 1400 a.C., los grandes imperios del Este caen en manos de las tribus del Hierro. Hablamos concretamente de la desaparición del mundo hittita (entre el 1400 y el 1300 a.C.) y de erradicación del Heládico, tanto como del Minóico palacial (entorno a ese siglo XIII a.C.). Tras ello seguirán los distintos ataques e invasiones de esas hordas del hierro, destruyendo paulatinamente las culturas de transición surgidas en esta zona; como eran la Micénica y la Minóica Postpalacial. Civilizaciones que fueron arrasadas por las invasiones dorias que desde el 1150 a.C. les asediaban; logrando vencerles un siglo más tarde, aprovechando diferentes terremotos que allí se producen -expulsando del Egeo y de Creta a los minóicos y a los micenios-.
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Es en estos años cuando “caerá” El Bronce en Occidente, aunque su final pleno no lo veremos hasta que llegan los fenicios a nuestras costas (circa 825 a.C. -siguiendo a Torres Ortiz-). De tal manera, a mi juicio, se suceden las tres etapas fundamentales del Bronce Bajo en Iberia; que a mi entender están marcadas por los acontecimientos que se sucedieron en el otro lado del mediterráneo. Como son:
- Bronce (peninsular) Final I: A consecuencia de la explosión del Tera-Santorino (1680 a.C.). Desaparición gradual de El Argar peninsular.
- Bronce (peninsular) Final II: A consecuencia de la caída del Mundo hittita y aparición del hierro en Atatolia (1400 a.C.) = Aparición de visitantes en nuestras tierras (Campos de Urnas desde el 1350 a.C.).
- Bronce (peninsular) Final III: A consecuencia de la caída de Micenas y el mundo cretochipriota en manos dorias (1050 a.C.) = Llegada de refugiados a nuestras tierras, inicio de nuevas culturas como la tartessia (desde el 1050 a.C.).
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, el cromlech de Los Almendros en Évora. Se considera que este conjunto de círculos megalíticos, es el primer observatorio astronómico de Europa y seguramente uno de los primeros templos. Su origen se fecha a fines del VI milenio y comienzos del V a.C.; aunque tiene varias fases. Las últimas pertenecerían a la Edad del Bronce (entre el III y II milenio a.C.). Muchos de sus monolitos están grabados con bajorrelieves de figuras geométricas, lineas que recuerdan a cuerdas y -sobre todo- circunferencias y espirales, que nos hablan de movimientos astrales o de planetas (estudiados a través de estos menhires dispuestos en círculo).
Al lado, Estela de Ervidel-Beja; tomada de un dibujo editado por Segundo Gomes e Monteiro, que hemos copiado y retocado. Lo publica en su estudio la profesora Arruda, anotando: “Ya dije antes que en el caso de que la iconografía de las estelas de tipo extremeño fue desde muy temprano el argumento más esgrimido en la defensa de las tesis que preconizaban la existencia de una “precolonización” (…) En efecto, el origen oriental de los objetos representados en las estelas llamadas “de guerrero o del Sudoeste”, nunca ha sido cuestionado (enseres tanto de la fachada siro-palestina como del Egeo). En cualquier caso, no parece discutible que muchos de los objetos grabados en esta estela, así como en otras pertenecientes a la zona de Cáceres y Badajoz tengan un origen foráneo -concretamente las pinzas, los espejos, los peines y las fíbulas-. Ya que no obedecen a patrones locales, reproduciendo desde el punto de vista estilístico modelos de artefactos presentes en grandes áreas del Atlántico y del Mediterráneo” (13) .
Abajo, otra imagen del Cromlech de los Almendros (Évora) en la que podemos observar esos ortostatos grabados en algunos de sus monolitos. Sin lugar a dudas, aquellas marcas en las grandes moles de piedra son el origen de las estelas posteriores (del Bronce Bajo). Fueran hechas sobre los menhires, en las partes del cromlech o en las paredes de dólmenes; aquellos bajorrelieves solían tener un significado astral, planetario o bien para rememorar a los que enterraban. Hasta la Baja Edad del Bronce (hasta el 1400 a.C. aprox) los bajorrelieves sobre moles de piedra no tienen formas figurativas y se limitan a ser ondulaciones semejantes a olas, planetas, aguas y etc.; aunque aparece la figura de la serpiente en algunos de ellos (como en el caso del monolito de Azután -hoy en el Museo de Santa Cruz, Toledo). Finalmente, desde mediados del II milenio veremos ya ídolos grabados en estelas y menhires, como marcas de caminos o para venerar determinados lugares (principalmente en las encrucijadas de las rutas de trashumancia). Pero con la entrada por el Pirineo de la cultura de los Campos de Urnas (en el siglo XIV a.C.) se observan ya estelas decoradas, para utilizarlas como tapas o lápidas en sus tumbas. Son estas, las llamadas “losas alentejanas”.
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JUNTO, Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, un “escalón” en la iglesia de San Salvador del Mundo; sita en Veiros de Estremoz (a pocos kilómetros de Évora). Como podemos observar, contiene un objeto labrado igual al que figura en las estelas alentejanas y al que los expertos suelen llamar “ancoriforme”. La apariencia que tiene esta losa situada en el suelo de la iglesia, es la de una piedra renacentista (o gótica); donde se ha copiado esta “herramienta” con forma de doble hoz (quizás todavía usada en el renacimiento). Si así fuera, podríamos lograr saber qué es este instrumento que figura en gran parte de las estelas alentejanas, que tiene dos lados y aparenta una doble luna. Un arma, que a mi juicio bien pudo ser un desjarretador de batalla (usado para golpear las patas de los caballos y hacerles caer desjarretados). Aunque el parecido del escalón es tanto con aquellas estelas alentejenas, que nos queda la duda de si esta lápida de la iglesia de Veiros será una losa prehistórica (pese a que su apariencia es la de estar tallada en el Renacimiento; más aún dado su tamaño, pues mide unos dos metros de largo, mientras las estelas alentejanas representan estas armas “ancoriformes” con igual longitud a la de una espada).
Abajo: Cartel de la conferencia sobre estelas alentejanas, pronunciada por el último descubridor de una de ellas: Miguel Serra. Quien hace unos cinco años halló otro ejemplar de estas bellas losas que datan de comienzos del Bronce Bajo -la encontrada por este arqueólgo es la menor y que figura en el cartel a nuestra izquierda-.
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Abajo: Las tres estelas alentejanas, halladas en las cercanías de Beja; la del centro es la descubierta en el año 2013 por el arqueólogo Miguel Serra -agradecemos al Museo Regional de Beja y al patronato de Patrimonio del Alentejo, nos permitan divulgar las imágenes-. Estas losas proceden de Santa Vitória, junto a Mombeja; y todas ellas lucen un extraño objeto en forma de media luna (que figura en más de la mitad de las encontradas). La existencia de esas losas alentejanas fue descubierta por el gran arqueólogo portugués Leite de Vasconncelos, que en 1868 halló la necrópolis de Santa Vitoria (asociada a sepulturas de la Edad del Bronce). Desde entonces se conocen y se han identificado un total de treinta y un losas; de las que al menos diecisiete presentan este dibujo de un “áncora” doble (que yo considero un “desjarretador”; arma con forma de media luna que aún llevaban las alabardas de época moderna -bajo la punta de lanza-). La última, fue sacada hace unos cinco años también de Santa Vitória, concretamente del llamado túmulo del Monte del Olmo.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, interior de la iglesia de San Salvador del Mundo (Veiros de Estremoz) donde se encuentra la estela o el escalón que hemos visto en imágenes anteriores y del que hablamos a continuación. Abajo: La lápida o bien la estela de la iglesia; en la foto se aprecia en el lugar donde se halla en el suelo (junto tumbas, en el lado derecho según entramos en el templo). La hemos tumbado para facilitar su visión ampliada.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, de nuevo, otra foto de la lápida en la que al retocarla de luces he podido observar que hay una inscripción en su cabecera. No percibí la existencia de estas letras (que parecen muy antiguas) y tristemente puse mi zapato en un lado; aunque ello nos puede ayudar para comprender el tamaño de la losa. El estado de la lápida no es peor que el que tienen algunas de las halladas en Beja y no sería extraño que en el siglo XIX se encontrase esta pieza en el campo y que luego se añadiera al suelo del templo, al restaurar la iglesia (como un escalón; pues vemos que el solado se ha reparado no hace mucho). Abajo, el exterior de San Salvador del Mundo en Veiros de Estremoz. Esta población está muy próxima a Monforte, que contiene un famoso yacimiento del Bronce Bajo.
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Para una mejor comprensión de lo que significan estas losas, seguiremos tratando acerca de las formas de inhumación durante el Bajo Bronce; centrándonos sobre las estelas decoradas y repasando cuanto ya hemos expuesto sobre ello en otros artículos (14) . Donde decíamos que en cuanto al modo de enterramiento en la Península durante esta etapa final del Bronce, se alternarían los tres tipos de tumbas en todo el territorio: En túmulo (dolmen), en cistas bajo túmulo y -finalmente- en cistas simples y alejado de megalitos (la más tardía). Destacando la llamada “cultura de las cistas del Suroeste” que se produce en El Algarve, Huelva y Sevilla, desde el Bronce Antiguo (mediados del II milenio a.C.); en la que ya se enterraban en “fosas cubiertas” individuales, manteniendo este rito hasta la llegada del Hierro. Algunas de estas cistas tenían losas sobre los cenotafios, en las que se grabaron símbolos de poder (como hachas, lanzas o puñales). Refiriéndonos a las llamadas “estelas alentejanas”, que como sabemos se fechan en el Bronce Final I y son el antecedente directo de las posteriores estelas del Sudoeste -losas de periodo pretartéssico del siglo XI a.C. (aprox.), con figuras talladas toscamente; representando soldados, armamento, utensilios, animales y hasta carros-.
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La profesora Ruiz-Gálvez, a tratar otro importante tema como es el de las estelas menhir (que a mi modo de ver son también un antecedente directo de las estelas de guerrero tartessias). Recoge en su magnífico libro EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DEL BRONCE un epígrafe intitulado: “Estelas de Menhir, ídolos de guijarro y estelas alentejanas” (15) ; donde comienza por decirnos que las estelas menhir son representaciones masculinas, mientras los ídolos guijarro contienen figuras femeninas toscamente talladas. Por su parte, la autora afirma que al no contener una cronología posible, lo mejor es identificar tales figuras con el megalitismo; aunque a mí personalmente me “agradaría” más unirlas a la Edad de Bronce, debido a que el megalitismo se inicia en el sexto milenio a.C. (una etapa que parece demasiado temprana para estas piedras con bajorrelieves). Sobre ello, he de añadir que a mi juicio, un cipo de piedra con una figura así grabada puede tener preferentemente tres usos o sentidos: Primeramente como cipo funerario; en segundo, lugar como demarcador de un lugar sagrado o conmemorativo; y en el tercero, como linde de frontera territorial, religiosa o de caminos. Habiendo de descartar en el caso de las estelas-menhir y en los ídolos guijarro, su uso como gnomons (tal como se hacía con los cromlechs y menhires); debido a la falta de altura y a la poca uniformidad de estas.
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Por lo demás, existen otras losas megalíticas y de El Bronce (semejantes en tamaño, pero no en sus grabados), donde sí se muestra un uso como señalizador de estrellas o de caminos. Piedras de igual o mayor porte, pero que principalmente contienen cazoletas y boquetes, donde incluso pueden verse las constelaciones representadas. Respecto a ello, recomendamos ver el magnífico blog de Gustavo Pascual Hermida
MÁS QUE PETROGLIFOS:
Continuando con el texto de Ruiz-Gálvez, la autora relaciona los cruces de caminos y las vías más antiguas, con la aparición de esos menhires-estela o de los ídolos de guijarro. Lo que parece absolutamente lógico; puesto que la señalización y sacralización de las rutas, debió ser tan importante como indispensable para el comercio, la trashumancia y la supervivencia (tal como hemos comprobado en las imágenes anteriores, donde vimos astros marcando la “Ruta de la Plata” y “El Camino de las Estrellas”). Considerando la investigadora que esos cipos en los que grabaron formas “humanóides”, demarcarían principalmente las vías pecuarias; todo en lo que estamos plenamente de acuerdo.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado: Estatua Menhir Villar de Ala; tal como la muestra el Museo Arqueológico de Soria -al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes-. Se fecha al menos hacia 850 a.C. y se trata de una estela de camino anterior a las lápidas tartessias; por lo que algunos autores la datan en el siglo X a.C.. Si la observamos detenidamente veremos que la figura antropomorfa que se representa, contiene a la altura de su cintura una de estas armas “ancoriformes”. Abajo; podemos ver el detalle de este objeto con forma de áncora o media luna, que se halla en el menhir con bajorrelieves de Soria.





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Acerca de las estelas alentejanas, que antes estudiábamos; en cita (16) recogemos un comentario del profesor Mederos, donde escribe que estas losas nos “introducen en el armamento europeo hacia el 1300 a.C. (de) Grecia, Bohemia, la región Carpática y la propia Península Ibérica. Estas modificaciones se refieren a las espadas (Rosnöen y pistiliformes), a las lanzas y también al armamento defensivo, principalmente a los escudos (....) la primera tipología que establece Almagro Basch, que las simplifica en dos grandes grupos, uno primero de estelas panoplias o tipo 1Ia , que solo representan armas (...) El segundo grupo o subtipo 1Ib (...) ya incluye figuras antropomorfas (...) Uno de los elementos más característicos que permite diferenciar a grandes rasgos las estelas del Bronce Final I o Bronce Tardío, de las estelas del Bronce Final II -a partir de ca. 1325 a.C.-, es la técnica utilizada”. Por su parte, Ruiz-Gálvez ratifica que se trata de losas muy diferentes a las estelas menhir o a los ídolos de guijarro -que, como vimos, servían para delimitar áreas-; siendo el uso de las alentejanas simplemente funerario. Utilizadas como cobertura de tumbas y unidas a las cistas individuales. Pese a no tener representaciones humanas, como dijimos en ellas aparece un objeto igual al que figura en muchas estelas-menhir; que llevan grabado una herramienta semejante a un ancla. A mi juicio estas “áncoras” esculpidas en las losas alentejanas y en algunas esculturas de menhir, serían armas y más concretamente “gujas”. Unas hoces que se utilizaban para desjarretar y que de igual manera se usaban para luchar, e incluso para rituales donde hacía falta podar o cortar limpiamente ramas y miembros. Lo que se ratificaría, porque en el Alentejo esas “ancoras” se representan junto a armas, mientras en las estelas-menhir se hallan a la altura media del personaje; la del cinturón, donde se suele colgar el armamento.
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Por cuanto vemos, en la clasificación de objetos del Bajo Bronce portugués con influencias mediterráneas; la profesora Arruda quizás unifica las estelas decoradas tartessias, con estas primeras y muy anteriores (llamadas alentejanas). Posiblemente porque en todas ellas aparecen elementos orientales, en forma de lanzas, puñales, escudos, espadas y hasta peines, espejos o liras; que en el caso de las tartessias actuan como atributos de los personajes representados en ellas (ver arriba la estela de Ervidel-Beja; donde observaremos junto al guerrero un peine, un espejo y una lira -además de una lanza, un escudo y un perro-). Consecuentemente y para terminar este comentario al estudio de Ana Margarita Arruda, recogeremos de nuevo lo que expresa acerca de las representaciones en las “losas decoradas” del Alentejo: “la iconografía de las estelas de tipo extremeño fue desde temprano el argumento más esgrimido en la defensa de las tesis que preconizaban la existencia de una `precolonización´ (…) el origen oriental de los objetos representados en las estelas llamadas de guerrero o del Sudoeste (enseres tanto de la fachada siro-palestina como del Egeo) nunca ha sido cuestionado (…) Ya que no obedecen a patrones locales, reproduciendo desde el punto de vista estilístico modelos de artefactos presentes en grandes áreas del Atlántico y del Mediterráneo”.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes mapas trazados por mí. Arriba, plano comparativo, con la distribución de los megalitos en la Península, siguiendo a Kalb. Abajo, la parte Oeste del anterior, añadiéndole las rutas fluviales y marítimas durante la antigüedad. A su lado, mapa que presenta Marisa Ruiz-Gálvez en su obra “La Europa Atlántica en la Edad del Bronce” -ver cita (15) - ; donde podemos comprobar estas rutas ancestrales de navegación fluvial y marina en Portugal y el Oeste de Iberia.
El siguiente trabajo que vamos a analizar está escrito por Raquel Vilaça, quien comienza exponiendo que los estudios de Kalb dieron un giro radical a la prehistoria y protohistoria de Portugal. En el mapa que he trazado siguiendo a este autor, podemos ver claramente que el megalitismo es una civilización marinera y ligada al eje atlántico europeo. Si observamos los distintos planos que hemos dibujado sobre situación de megalitos y época a la que pertenecen; veremos además, que los más antiguos (del final del VI milenio y comienzos del V) están unidos al Algarve portugués, a Galicia, la Bretaña francesa y a Irlanda -todos ellos, lugares muy ricos en oro y ámbar-. Más tarde (en el IV milenio y hasta mediados del III), aparecerán megalitos por el resto del litoral atlántico peninsular, por el Cantábrico, el resto de costas de Francia, Gran Bretaña, toda Irlanda, costas de los Paises Bajos y Alemania, llegando al Báltico y Escandinavia -todos ellos, lugares ricos en oro, plata y en ámbar-. Desde el III y II milenio a.C. ya veremos megalitos en zonas más cercanas al Mediterráneo Norte, como Cataluña o el Pirineo; seguramente por efecto de la búsqueda de oro en esa cordillera y por la proximidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo siguiendo la ruta de los Pirineos, desde el lado de Francia. Sea como fuere, estos megalitos de Cataluña son más recientes y se deben normalmente a exploraciones de la Edad del Bronce (tal como sucede con los que aparecen en centro-Europa, en Cerdeña o en la zona central francesa).
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B) REFLEXIONES EN TORNO A LA PRESENCIA MEDITERRÁNEA EN EL CENTRO DEL TERRITORIO PORTUGUÉS EN EL TRÁNSITO DEL BRONCE AL HIERRO. Por Raquel Vilaça: (17)
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El texto de la profesora Vilaça, estudia el mismo tema, aunque trata la franja territorial portuguesa desde la orilla norte del Tajo, hasta el Duero. Analizando los yacimientos del Bronce Final con influencias mediterráneas; desde la margen “derecha” del Tajo hasta llegar al que fue “el afluente del oro” (D´ouro). Todo lo que comprende la zona central de Portugal; explicando que aquel Tejo portugués no fue por entonces una frontera, sino un lugar de unión. Aunque aquel es el punto donde la profesora Arruda apuntaba el último vestigio del Bronce con reminiscencias mediterráneas; pasando a continuar Raquel Vilaça desde allí el estudio -desde donde comienza a recoger hallazgos del mismo tipo-. Por todo ello, ambos trabajos son muy parecidos en su exposición y análisis; y aunque tratan de zonas distintas, su forma de ver y de determinar conclusiones, es cuasi paralela. Tanto es así, que la profesora Vilaça, al comienzo de su exposición nos explica lo que ya hemos anotado: Que el Tajo no es una frontera durante el Bronce, sino muy por el contrario un elemento “aglutinador”. Lo que obliga a pensar, que cuanto se va a encontrar de un lado y del otro de este río -perteneciente al Bajo Bronce-, será más o menos similar (por no decir igual). Todo ello me lleva, a resumir el trabajo de la profesora Vilaça, sin tantos comentarios añadidos como hicimos con el anterior; no porque sea de menor valía al estudio de la profesora Arruda, sino por no repetir cuanto ya hemos expuesto. Pues como explicamos, ambas aportaciones son muy semejantes en sus planteamientos, aunque lo que describen sea muy distinto (al tratarse de dos áreas diferentes).
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Comienza Raquel Vilaça comentando que los trabajos de Kalb y de Coffin marcaron un antes y un después en la historia del Bajo Bronce Portugués; al recoger numerosos datos y enseres que demostraban la presencia mediterránea en tierras lusitanas durante esa etapa anterior al Hierro (17a) . Continua la autora expresando la existencia de nuevas tesis que apoyan cómo la población de Portugal, situada junto al mar durante la Edad del Bronce; no se establece allí de un modo aleatorio, sino bien premeditado y medido -refiriendo una intención de comercio o expansión de sus metales- (17b) . Considera asimismo la investigadora que el mundo funerario de Portugal en esta época era muy distante del mundo de los vivos; y aunque hubo prácticas de incineración, ella cree que nada tuvieron que ver con influencias orientales (17c) . Unas ideas que no podemos compartir, pues parecería más probable que esas prácticas rituales con participación del fuego pudieran tener origen muy lejano. Además es de destacar, que existían ritos similares y coetáneos en las Islas Británicas, como en StoneHenge -por ejemplo-, donde se quemaban los cadáveres para luego arrojarlos a un río cercano (Avebury).
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Continuando con el trabajo que analizamos, más tarde nos dice la profesora Vilaça que debido a los numerosos hallazgos de influencia mediterránea en el Portugal del Bronce; plantearse yaLa existencia de contactos entre las poblaciones más occidentales de la Península Ibérica y las oriundas del Mediterráneo, en un tiempo anterior al establecimiento permanente de los Fenicios (…) es un problema que hoy ya no tiene sentido” -pasando a citar numerosos hallazgos que lo corroboran- (17d) . Así, seguirá expresando que para el Bronce Final, las dataciones de C-14 dejan claro y sin posibles dudas, los contactos entre el Mediterráneo y las costas portuguesas. Un hecho en el que insisten profesores españoles de la talla de Almagro-Gorbea o Ruiz-Gálvez. Denominando a estos contactos “precoloniales” o “protocoloniales”, e incluso viendo a los sardos detrás de aquellos; algo que a juicio de Raquel Vilaça ya es más difícil de determinar (17e) .
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Sigue anotando la profesora (textualmente) que: “La intervención de micénicos, chipriotas, sirio-fenicios y sardos, ha sido apuntada por diversos investigadores, admitiéndose también la existencia de tripulaciones multiétnicas, con participación de indígenas y navegantes atlánticos en los viajes que cruzaron el Mediterráneo (...) Sin embargo, en ese contacto con la Península, el papel principal se ha atribuido con argumentos pertinentes a los navegadores sardos, que incluso tendrían bases establecidas en el territorio portugués (...). Ya esta última hipótesis nos parece mucho más difícil de aceptar principalmente porque no se ha explicado lo que se debe entender por esas «bases sardas» (…); y ni siquiera el siempre recurrente ejemplo del túmulo de la Roca del Casal do Meio (Setúbal), es tenido por muchos como una sepultura de navegantes sardos (17f) .
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, la famosa estela de Abóbada, hallada en la población bejana de Almodóvar -S. Sebastián Gomes Aires- y propiedad del Museo Regional de Beja (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Fue hallada en 1972 y se trata de un descubrimiento de gran importancia, pues contiene una inscripción tartessia y una figura (con dos palos en sus manos, que parecen armas o bien bastones y estandartes) -la hemos destacado sobre fondo naranja, para que puedan verse bien sus rasgos-. Cuando fue hallada, se encontró sobre una vasija con un ajuar de cenizas (quizás huesos inhumados) y volteada; con la cara inscrita hacia el suelo. Por lo que no saben si cayó sobre aquella gran vasija o bien fue así colocada cuando se enterraron los restos; aunque el sentido común hace pensar que se habría volcado (pues su forma nos lleva a pensar que se labró para ser clavada en tierra por su parte baja). Tras su hallazgo, excavaron alrededor, encontrando más tumbas (sin “tapa” o “losa”, pero semejantes); y careciendo de pruebas de C-14, a mi juicio podemos datarla hacia el 700 a.C. -conforme a su singularidad y a sus inscripciones, de tipo turdetano muy temprano-. Abajo, una fotografía de la iglesia mayor de Beja, donde actualmente se celebran exposiciones sobre la civilización lusa del final del Bronce. Como hemos visto el territorio bejano es de una enorme riqueza arqueológica y en las cercanías de esta ciudad portuguesa se han hallado varias estelas alentejanas (además de algunas tartessias).
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Continúa la profesora Vilaça, afirmando que aunque aparecen restos sardos en El Carambolo y en zonas de Portugal durante esta etapa anterior al Hierro, ello no significa que los enseres hallan sido llevados por marineros de Cerdeña, pudiendo haber sido traídos por navegantes fenicios (17g) . Todo lo que a mi modo de ver, es plantear la hipótesis menos probable; pareciendo “difícil” que comerciantes púnicos viajaran hasta Cerdeña, para adquirir piezas cerámicas de poco valor en esta isla, con el fin de exportarlas luego a nuestras tierras (aún antes de existir colonias fenicias en Iberia y en occidente, ni los puertos púnicos de Cerdeña -menos el de Cartago-). Además, por proximidad geográfica y por la unión entre los sardos y las culturas peninsulares -tanto que la Talayótica debemos adscribirla a su influencia-; parece más lógico considerar a Cerdeña un puente entre Oriente Medio y el Extremo Occidente. Acerca del mismo tema, sigue escribiendo la autora: “En otro registro, y sin negar el papel de los sardos en las comunicaciones marítimas E-W, recientemente se ha reconsiderado como probable, el intercambio de bienes por vía terrestre (...). En la misma línea se puede insertar -ciertamente- la hipótesis que valora la existencia de contactos más estrechos entre el territorio portugués (central) y el Norte de Italia, por tierra. Sobre la base de que los carros de Baiões tendrían su paralelos más estrechos en el carro de Bizencio (Viterbo)” (17h) .
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Tras las anteriores palabras, escribe también Raquel Vilaça (textualmente): “navegamos en el campo de las posibilidades y no en el de las demostraciones” (...) “recientemente he reconsiderado como probable, el intercambio de bienes por vía terrestre” (17i) . Ante tal afirmación me permito añadir que hablamos de la Edad del Bronce; donde no había calzadas ni vías internacionales, más allá de las rutas pecuarias, cerradas para los habitantes trashumantes. Pese a todo y conociendo que existiera un intercambio de mercancías por vía terrestre; siempre estaría ajustado a esas rutas de trashumancia y fieramente controlado por los pobladores locales. Siendo casi imposible que extraños al territorio disfrutasen del paso o de los derechos de transportar sus reses por tierras ajenas (menos, las mercancías). Debiendo cruzar todos los caminos de un modo semejante al que realizan actualmente los pastores en las Cañadas Reales: Siempre bien vigilados, con el fin de que ninguno salga de la ruta marcada y sobre todo para evitar percances con los habitantes del lugar, o robos de ganado.
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, Mapa de las rutas desde Cerdeña. Primero Cerdeña-Lisboa por tierra (en negro y azul); podemos ver cómo se tardaría más de dos meses, pues se inicia navegando por mar unos 800 kmts. hasta el Norte de Italia y allí desembarcando; para dirigirse a Lisboa, en una ruta que hoy por carretera sería de 2200 kmts.. En rojo, he marcado la vía marítima desde Cerdeña a Lisboa, de unos quince días de navegación que suponen unos 1800 kilómetos o mil millas (aprox). Finalmente he marcado en morado una linea recta que uniría Lisboa con Alicante, siguiendo el grado 38,5 (de Benidorm a Setúbal). Bastando para orientarse, seguir la sombra con esa inclinación y marchar en linea recta desde Alicante hasta la desembocadura del Tajo.
Al lado, La linea del grado 38,5; este paralelo (38º,30´) pasa por un lugar cercano al Strómboli, sigue por Calgari en Cerdeña y llega al sur de Baleares, arribando a Benidom (más concretamente a Finestrat; donde se sitúa el monte con el diente roto, llamado Puig Campana). Para navegar siguiendo la sombra a esa altura, solo hay saber la fecha (calculando que desde los equinocios, el ángulo del Sol o de la Estrella Polar, avanza o atrasa algo más de ¼ de grado). De esta forma, orientados por la linea de sombra o de altura de la Polaris (bastando usar un mástil y una regla de grados) se llega en linea recta a destino. Ello me hizo pensar que desde la Alonis griega (Benidorm, Villajoyosa) hasta Cetóbriga (Setúbal) pudo haber un camino recto; pasando por puntos en los que se han hallado numerosos yacimientos y santuarios de la más remota antigüedad.
Abajo: A la izquierda , mapa de la trashumancia según Braudel, tal como lo recoge Marisa Ruiz-Gálvez en su libro Europa Atlántica en la Edad del Bronce -ver cita (14) -. Hemos añadido al plano, las rutas más importantes ibéricas, como la de La Plata, la de Herakles y los caminos de Santiago (por donde se supone llegaban hasta el Atlántico los objetos, desde territorio medio de Francia). Como podemos ver en el plano aumentado a la derecha, las vías de trashumancia ibéricas terminaban en el Pirineo y en Las Landas. Debido a ello, las rutas comunes para comerciar con la Península fueron siempre marítimas (pues además Iberia es tierra de grandes cordilleras, todo lo que dificulta más el transporte por tierra). Observemos asimismo que entre Portugal y España apenas hay trashumancia antigua; todo lo que lleva a pensar que los portugueses no tenían la ganadería como medio de vida esencial y que además, no precisaban tanto del traslado de reses (ya que su tierra no es tan radical de clima como la española). Ello supone que apenas había grandes conexiones terrestres entre las zona lusa y el resto de la Península; obligando a deducir que las comunicaciones portuguesas eran marítimas o fluviales.
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Por lo demás y en lo que se refiere al cálculo de probabilidades, para considerar que una pieza cerámica o de bronce, ha podido viajar desde la isla sarda a la desembocadura del Tajo, por vía terrestre; hemos de estudiar la distancia y dificultades de transporte. De tal modo, hoy sabemos que entre Cerdeña y Lisboa -viajando primero por mar y luego en carro desde Italia a Francia y Portugal- hay unos tres mil kilómetros: Ochocientos desde Cerdeña a Milán y dos mil doscientos de Milán a Lisboa. Aunque hemos de tener en cuenta que primeramente habrían de llevar las mercancías (por vía marítima) desde Cerdeña a Italia y luego hasta el Norte italiano, por tierra. Una etapa inicial en la que se tardaría al menos semana y media (unos 8 días para recorrer la travesía marina desde Cerdeña hasta el Norte de Italia y 2 jornadas más para descargar mercancías y llegar hasta las vías interiores de comercio). Tras ello, en los 2200 kilómetros restantes, se tardaría más de cuarenta jornadas (siempre que lograsen tener paso por todas las vías y nadie robase las mercancías). Todo ello, supone un viaje marítimo terrestre de unos cincuenta días; con enormes problemas, pues deberían de cruzar por territorios de muy diferentes culturas (donde incluso no había rutas de trashumancia, tal como sucedía en Francia).
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Muy por el contrario, si llevamos las piezas de cerámica o bronce por mar; la distancia entre Cerdeña y Alicante (siguiendo una ruta en barco Este-Oeste puro) es de 400 millas marinas -unos 750 kilómetros-. Navegando una velocidad mínima y constante de 2,7 nudos (5 kilómetros hora), obtenemos 65 millas diarias de avance (unos 120 kilómetros día); por lo que en algo más de seis días cruzaríamos desde Cerdeña a Alicante. Luego, costeando, se llegaría hasta Gibraltar en otras cinco jornadas y desde allí sabemos que en tres o cuatro días se alcanzaba Lisboa -por mar, en verano-; aunque ya nos dijo Avieno que también iban por tierra (en invierno) y tardaban unas cinco o seis jornadas desde la desembocadura del Guadalquivir hasta la del Tajo (subiendo el Guadiana,). Es decir, que mientras el viaje desde Cerdeña a Lisboa en barco era de menos de quince días, además de seguro y sin grandes problemas de robos, ni de abastecimientos (pudiendo regresar con la embarcación llena de mercancías). La travesía por tierra tardaba casi dos meses, siendo muy probable que en el trayecto te asaltasen o te impidieran seguir -al pasar por territorios extraños; máxime cuando se debía cruzar Francia, que carecía de caminos trashumantes-.
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Por cuanto hemos dicho, hay que considerar que en la Edad del Bronce era más fácil llegar desde Biblos hasta Portugal (navegando en verano); que desde el Pirineo a Milán, andando. No solo por la carencia de caminos y de servidumbres de paso; sino sobre todo por la enorme inseguridad de aquella antigua Europa interior. Pero es que además, hemos de comprender que en caso de llegar desde el Pirineo a Milán por caminos, muy pocos podrían hacerlo en carro o a caballo, debido a que en esta época las cabalgaduras y los vehículos de tiro eran escasos y muy caros (no usándose para el transporte, sino para la milicia). Aunque lo que realmente aumenta la probabilidad de que un objeto cerámico o de bronce sardo, hallado en Lisboa, fuera transportado desde Cerdeña en barco (no por vía terrestre). Es la circunstancia indiscutible de que en un carro o en unas alforjas, apenas hay espacio; mientras una nave de quince metros de eslora puede cargar más de quince toneladas de mercancías (tal como se comprobó en el pecio de Uluburún, datado en el 1300 a.C.). Ello supone, que en un solo viaje desde Cerdeña hasta Lisboa pudieran transportar miles de kilos de cobre y estaño, además de ámbar, plata y oro. Todo trasladado por mar, en una etapa en que muy pocos navegaban y de un modo que durante la Edad del Bronce sería difícil de interceptar o robar -a menos que los propios sardos pirateasen mercancías en los barcos de sus compatriotas-.
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, de nuevo la linea del paralelo 38,5; esta vez trazada desde Setúbal a Évora y la de Lisboa a Almendralejo. Como sabemos, en Évora está uno el cromlech más importante y antiguo de Europa (Almendros). A su vez, en Almendralejo se halla el túmulo Huerta Montero, muy llamativo por su orientación al solsticio.
Al lado, La linea del 38º30´, pasa también por el Monte Parnassos de Grecia; donde se hallaba el famoso santuario de Apolo de Delfos. Esta montaña (una de las más altas de a Hélade) era ya un centro religioso y de adoración en el IV milenio a.C., tal como pudieron mostrar las más recientes excavaciones de sus cuevas en la cumbre. De hecho su nombre es eteocretense y se considera que el culto al Parnassos procedería de etapas minóicas muy antiguas. En una supuesta linea del 38,5 hemos localizado también algunos de los principales santuarios y yacimientos ibéricos, dolménicos y lusitanos.

Al lado: Pulseras de Estremoz (Portugal) de de Villena (Alicante), tal como las muestra el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Pudiera resultar absurdo proponer un camino directo entre Setúbal-Évora (Portugal), hasta Yecla-Villajoyosa (España); aunque no tanto si observamos las joyas aparecidas en Villena y en Estremoz (poblaciones muy cercanas a Villajoyosa y a Évora, respectivamente). A ello, hemos de unir que muchas otras piezas de orfebrería halladas en el Alentejo son iguales a las de Villena. Estas joyas están fechadas entre los siglos XII al IX a.C. (según autores) y su método de fabricación es oriental, a través de cera perdida (un proceso ajeno a los medios autóctonos de trabajar el oro). Quizás en estas listas de objetos y lugares del Bajo Bronce con influencias orientales debemos incluir estos artículos de joyería, cuyo proceso de fabricación, calidad de trabajo y estilo; hablan de un contacto pleno con Oriente Medio (posiblemente con Creta o con Ugarit).
Abajo: Latitudes de las urbes ibéricas, según Ptolomeo. Las coordenadas que recoge tienen pequeños errores, aunque vemos en este mapa cómo ya en el siglo I conocían perfectamente la situación en el Planeta de las ciudades (por muy lejanas que estuvieran). Sobre este mapa he trazado una linea azul con la que vemos por dónde pasaba un camino recto desde Alonis a Cetóbriga (desde Finestrat-Villajoyosa a Setúbal-Palmela).
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Continuando con el estudio de la profesora Vilaça, pasa posteriormente a comentar acerca de los hallazgos del Bronce, la dificultad añadida que entraña saber si los objetos encontrados son importaciones o bien imitaciones -de otros enseres previamente traídos desde tierras extrañas-. Aunque para resolver aquellas dudas, cita a la profesora Armbruster, quien afirma que para imitar un objeto ajeno, los artesanos que hacen la réplica han de haber recibido instrucción y contacto pleno con quienes hicieron -o al menos con los importadores del original- (17j) . Consecuentemente, aunque algunos consideren piezas como los bronces portugueses de Baiôes, una reproducción local; siempre necesitarían una enorme conexión con el punto de procedencia. Por su parte, autores de la talla de Almagro-Gorbea, son partidarios de catalogar estos bronces como piezas procedentes de la zona sirio-palestina y chipriota; o en su caso, obra del Pueblo del Mar Shardana (sardos; tal como también cree Almagro-G. que son los espetos y ganchos de carne). Aunque otros consideren que son reproducciones autóctonas, sin faltar el que añade que esos bronces de Baiôes incluso puedan ser fenicios -pese a que han de datarse hacia el siglo X, cuando los púnicos no navegaban aún por el Atlántico- (17k) .
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Finaliza la autora esta parte de su trabajo mencionando las investigaciones de Ruiz-Gálvez y de Jaime Alvar; exponiendo las diferencias que estos profesores españoles inciden, al destacar y diferenciar términos como el de “precolonización” o “protocolinzación” a fines de El Bronce. Pasando finalmente a enumerar los objetos y yacimientos del Bajo Bronce portugués situados entre el Duero y el Tajo, con influencias mediterráneas. Escribiendo Raquel Vilaça:En el conjunto, son catorce los puntos donde encontramos tales testimonios, todos ellos correspondientes a sitios comunes del hábitat del bronce; un aspecto que importa destacar. Veamos, sucintamente, lo que nos dicen cada uno de ellos, en términos de tipología de artefactos, funcionalidad, contextos de uso y cronologías -en particular radiocarbónicas- (17L) :
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, mapa de Raquel Vilaça con los lugares entre el Tajo y el Duero, en los que se encontraron restos del Bajo Bronce con influencias mediterráneas. Abajo, espetos de carne del Bronce Bajo, tal como los expone el Museo de Évora (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra foto). Pertenecen estos espetos a la coleccion cenáculo, por lo que se desconoce su procedencia; según algunos autores son de origen sirio-palestino y otros incluso creen que pertenecen a la Edad el Hierro (tal como figura en la vitrina del museo “evorense”).
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La lista de yacimientos y de enseres de influencia mediterránea y datados en el Bronce Final, que nos presenta la profesora Vilaça es la siguiente que recogemos (tal como la expone; resumida y traducida por nosotros) (17m) :
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CASTRO DE SANFINS , MONDIM, MOIMENTA DA BEIRA
Otros testimonios, cerámicos - cerámicas con decoración de «tipo Baiões» (...) una larga diacronía de ocupación, ignorándose si continua a lo largo del I milenio aC o con abandonos temporales.
MONTE AIROSO, GRANJA, PENEDONO
Bronce Final “beiranes” (de Beira), en función de los testimonios que han aparecido en distintos momentos. Nunca fue sometido a excavaciones científicamente conducidas.
S.ª DA GUIA, BAIÕES, S. PEDRO DO SUL
El llamado castro de Baiões es uno entre muchos otros de la Beira Alta con ocupación del Bronce Final, pero único por lo que en él fue encontrado.
Los soportes con ruedas, bien por la forma / función en sí, bien por la inconfundible decoración trenzada o en forma de Y, ofrecen un inequívoco «aire mediterráneo», concretamente de estilo sirio-chipriota, como bien observó Almagro Gorbea en distintas ocasiones. Pero como se sabe, ese es también el estilo que marcó presencia en las producciones pecas del Nurágico III (1300-900 a. C.), a su vez, influenciadas por Chipre.
Por el motivo arriba mencionado, son insuficientemente conocidos los contextos de las cuatro fechas de C articulables con la ocupación del Bronce Final de este poblado (...) Su calibración para un intervalo de confianza de 2 sigma, proporciona los siguientes valores: 1370-1019 cal . a. C. 1370-1019 cal. a.C., 1606-769 cal. a. C. y 1260-802 cal. a.C. Dado que corresponden a niveles en los que estaría presente la cerámica «tipo Baiões / Santa Luzia», se verifica que son de un período anterior, al menos las dos primeras, al definido para Baiões, donde esta cerámica también estaría presente.
CASTELO DOS MOUROS, VISEU
La ocupación del Bronce Final, bien expresada en sus cerámicas, donde, una vez más, se encuentran las de «tipo Baiões / Santa Luzia», y, con mayor intensidad, de la Edad del Hierro
OUTEIRO DOS CASTELOS DE BEIJÓS, CARREGAL DO SAL
Ocupación atribuible a los finales de la Edad del Bronce (Senna-Martinez 2000b) 385
Su calibración, para un intervalo de confianza de 2 sigma, proporciona los siguientes valores: 906-726 cal. a. C., 1369-939 cal. a. C. y 1368-1022 cal. a. C.
CABEÇO DO CRASTO DE S. ROMÃO, SEIA
Su calibración, para 2 sigma, es, respectivamente: 12571003 cal. a. C., 1312-1055 cal. a. C. y 1044-555 cal. a. C.
ALEGRIOS, IDANHA-A-NOVA
De «tipo Baiões / Santa Luzia» (...) Su calibración para 2 sigma define un intervalo
entre 1414 y 1215 cal. Antes de Cristo
MOREIRINHA, IDANHA-A-NOVA
grado de confianza de 2 sigma, los siguientes valores: 1262- 949 cal. a. C. y 1117-808 cal. a. C. 387
MONTE DO FRADE, PENAMACOR
Su calibración, para un intervalo de confianza de 2 sigma, indica, respectivamente, los siguientes parámetros: 1003-913 cal. a. C., 1192-1132 cal. a. C., 1292-946 cal. a. C. y 1257-790 cal. a. C. Es posible estimar una ocupación centrada entre el s. XI y la 1ª mitad del s. X a.C.
MONTE DO TRIGO, IDANHA-A-NOVA
En un par de muros, encontramos una ocupación del Bronce final superpuesta a otra,
calcolítica, esta con platos y copas de arce espesado y almendrado, cerámica campaniforme de «estilo internacional», pesos de telar paralepipédicos y en «creciente», etc. Al Bronce Final corresponden diversos materiales cerámicos, líticos, de pasta vítrea y metálicos 387
se obtienen, respectivamente, los siguientes valores: 1419-1057 cal. a. C., 1387-1056 cal. a. C., 1368-1022 cal. a. C., 1368-1022 cal. a. C., 1262-997 cal. a. C., 1211-925 cal. a. C. y 1193-937 cal. a. C.
MONTE DE SÃO MARTINHO, CASTELO BRANCO
comprobada ocupación del Bronce Final
ABRIGO GRANDE DAS BOCAS, RIO MAIOR, SANTARÉM
PRAGANÇA, CADAVAL
En el caso de las cerámicas pintadas en rojo de «tipo Carambolo» y de ornamentos bruñidos del Bronce Final (Ruiz-Gálvez Priego 1993: 56; 1998a: 223; Cáceres Gutiérrez 1997, entre otros), cerámicas de «tipo Baiões»
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, otro mapa mío, con la marca del paralelo 38º30´ (Setúbal-Benidorm) en el que podemos ver detalladamente los lugares de paso; este camino en linea recorrería infinidad de santuarios y yacimientos importantes. Asimismo en el mapa, hemos incluido rutas ibéricas conocidas (la Ruta de Herakles, la Ruta de Aníbal o el camino de Tartessos a Mainake).
Al lado, Piedra de la fertilidad, en San Pedro de Codoval (lugar próximo a Monsarraz). Observemos el extraño megalito, sobre el que aún las gentes del lugar depositan piedras, con el fin de pedir fertilidad para sus cosechas.
Abajo: Dolmen de Aguiar, aún si restaurar. Se encuentra a pocos kilómetros de Évora, en dirección a Mosarraz.
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C) CONCLUSIONES AL ARTÍCULO Y BAREMO PARA UN CÁLCULO DE PROBABILIDADES EN LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS:
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C) – 1º: CONCLUSIONES:
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Como hemos visto, en los trabajos de la profesora Arruda y de Raquel Vilaça se relacionan más de veinticinco referencias de influencia mediterránea y pertenecientes al Bronce Bajo de Portugal. Ello, supera con mucho, los diez objetos o lugares que señaló con igual significado, el prof. Almagro-Gorbea. Quien junto a otros arqueólogos españoles, mencionan diez casos con datación similar y de influjo mediterráneo, hallados en la zona peninsular hispana -en cita (18) recogemos estas diez referencias con los que se demuestra la “precolonización” en nuestro territorio-. El hecho es tan extraño como increíble, principalmente porque la mayor parte del litoral de España se halla bañado por el Mediterráne; y pese a ello, en el país vecino existe más presencia de culturas mediterráneas del Bronce. Algo innegable, porque en Portugal se han encontrado dos veces y medía más restos de esta época con influjo oriental. Todo ello dice mucho acerca del destino que buscaban esos navegantes que durante la Edad del Bronce se aventuraban a viajar, partiendo desde el centro o Este del Mediterráneo y llegando hasta nuestras tierras. Pues siendo más del doble los hallazgos de Portugal que los de España, se hace evidente que más del doble de los “precolonizadores” y “protocolonizadores”, se interesaban por arribar a las costas lusas y no a las hispanas.
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Ello lo demuestran las estadísticas inequívocas; pues hay dos veces y media más hallazgos de este tipo en territorio portugués, que en el español. Por lo que podemos deducir que de cada catorce barcos que salían del Oriente Mediterráneo, buscando las costas de Iberia; cuatro llegaban a playas de España, mientras diez lograban pasar el Estrecho y subir hasta las cercanías del Guadiana, arribando a zona lusa. Si a ello le sumamos aquellos que pretendiendo ir a Portugal, no conseguían atravesar Gibraltar (que en ocasiones se hace innavegable) o los que se perdieron y que fondearon en playas de Sur de España -por error o necesidad-. Comparando además el tamaño de nuestro territorio con el del país vecino y añadiendo el gran litoral Mediterráneo con playas que tiene España, frente a los pocos puertos abiertos existentes en las peligrosas costas lusas (lejanas y muy distintas a las nuestras). Se obtienen unos resultados estadísticos que nos verificarían totalmente que las tierras de Portugal fueron el lugar al que se dirigían mayoritariamente los viajeros de la Edad del Bronce; quienes viajaban desde puntos muy lejanos del Mediterráneo buscando en ellas cobre, estaño, oro, plata y ámbar.
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Pero lo que hemos expresado en el párrafo anterior no solo verificaría por los datos aportados; sino además, porque los yacimientos del Bronce en Portugal están aún por excavar -según escriben las profesoras Arruda y Vilaça-. Pues tal como comentan estas dos investigadoras, faltan prospecciones plenas en la gran mayoría de los puntos de esta época. Todo ello, unido al hecho de que haya dos veces y media más restos de influencia mediterránea en tierras lusas, que en las hispanas. No solo indica que los visitantes del Bronce -en su mayoría- se dirigían a las costas portuguesas, sino que posiblemente el misterio del Tartessos no descubierto esté allí. Dando un giro inesperado a muchas de las hipótesis sobre esta etapa peninsular y principalmente sobre Tartessos. Una civilización cuya ciudad comercial debió encontrarse en el bajo Guadalquivir, aunque probablemente no estuvo allí su verdadero territorio, ni menos sus minas. Pues los dominios de Tartessos probablemente han de buscarse mucho más ligados al Algarve, al Alentejo y a la Extremadura hispana. Donde proliferan repetidos los hallazgos de influencia oriental y mediterránea, pertenecientes al Bronce Final. Dejando bien claro que las costas lusitanas debieron ser “Eldorado” que pretendían alcanzar cuantos venían con sus barcos desde Oriente Medio o Cerdeña, hasta el Atlántico. Buscando durante esta etapa, las materias primas para fundir sus armas y herramientas: El cobre y estaño atlánticos, que tanto escaseaban en el Mediterráneo.
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JUNTO Y SOBRE ESTAS LINEAS: Arriba y al lado, dos imágenes de precioso pueblo alentejano Monforte de Estremoz, famoso yacimiento del Bronce Bajo donde se han hallado objetos de influjo mediterráneo. Está a muy poca distancia de la autovía de Evora a Badajoz y apenas a unos kilómetros de Veiros de Estremoz, que -como recordaremos- es la población donde habíamos fotografiado una extraña lápida con un arma “ancoriforme”. En la imagen superior, la iglesia de origen visigodo, hoy museo del ayuntamiento. Abajo, una ermita junto a la carretera, tras ella el montículo con el yacimiento de la Edad del Bronce
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo, dos imágenes del pueblo alentejano de Arraiolos, tomadas desde el jardín de su precioso convento franciscano (hoy “pousada”). En el fondo, el castillo de Arraiolos, yacimiento del Bajo Bronce, donde asimismo se han encontrado objetos de influencia mediterránea. Este pueblo se encuentra muy cerca ya de Badajoz y casi en la carretera de salida a España.






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El sentido común nos obliga a suponer que civilizaciones como la Egipcia se vería obligada a buscar el estaño y el cobre atlánticos -recordemos que en el 2600 a.C. vivía en pleno periodo dinástico y había creado pirámides como la de Saqqara-. Aunque no serían los egipcios (directamente) quienes vendrían hasta nuestras tierras; ya que sabemos que los faraones apenas navegaban y si lo hacían, se aventuraban más por el Mar Rojo. Pareciendo evidente que Biblos y los bibliotas, capaces de crear la flota y todos los enseres de madera que usaban en el Nilo; serían quienes podrían llegar en esos tiempos remotos hasta el lejano Atlántico. Algo que no era tan difícil de realizar para un pueblo que ya a mediados del tercer milenio a.C. fabricaba los barcos del faraón. Construyendo esas naves en su tierra (el actual Líbano) para más tarde transportarlas desmontadas desde sus costas, hasta las del Nilo; donde los bibliotas ayudados por egipcios, ensamblaban finalmente esas naves -en los grandes astilleros del delta-. A todo ello habríamos de añadir que incluso estos bibliotas, fabricaban barcos por piezas desde los tiempos más remotos; naves de gran eslora y desmontadas, que los ejércitos del faraón llevaban a través de caminos o del desierto. Para ensamblarlas cuando topaban con un río o una orilla de mar, pasando con ellos a miles de hombres de un lado a otro, y volviendo a guardarlas una vez utilizadas (tal como se hizo en la famosa batalla de El Kadesh).
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Cuanto vamos narrando muestra que en la Edad de Bronce, existía una gran tecnología de astilleros, que conocían perfectamente los egipcios y que llevaban a cabo sus “socios coloniales”, los bibliotas. Incluso en los albores del Bronce ya disponían de esos medios; pues -como dijimos- esa etapa del Bronce antiguo es coetánea a la Era de las Pirámides, en la que ya veremos estos barcos fabricados por piezas y con más de treinta metros de eslora -como el hallado junto a la Gran Pirámide; cuyo aspecto sería muy distinto al de las naves para viajar por el Mediterráneo, pues esta se trata de una embarcación funeraria y fluvial-. Por su parte, en Creta ya disponían de grandes embarcaciones al menos durante el Bronce Medio peninsular (antes del 1600 a.C.), tal como lo demuestran los frescos de Akrotili -bajo Santorino- que debemos fechar siempre en un momento previo al estallido del volcán Tera (1680 a.C.). Pero además, debemos entender que Fenicia fue principalmente la heredera directa de Biblos; ya que los púnicos de Ugarit lograron el favor de Egipto después de la caída del reino Hicso (a comienzos de Reino Nuevo, en el siglo XV a.C.). Un momento en que los ejército del faraón atacan repetidamente Biblos, al considerar que esta colonia suya de Oriente Medio había apoyado a los monarcas hicsos. De ese modo, cayó en desgracia Biblos y desapareció gradualmente; frente al ascenso Creta y de Ugarit, como socios navales de Egipto. Aunque tras la posterior desaparición de la cultura minóica (en el 1050 a.C.), sus habitantes huyen y se refugian en Chipre o en de los puertos de Fenicia. Momento en que los púnicos de Tiro y Sidón se convierten en aliados del todos ellos; principalmente navegando como viajeros y comerciantes para el faraón.
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Cuanto referimos, unido al sentido común, mostraría que desde los albores del Bronce visitaron la Península viajeros Orientales. En especial bibliotas y cretenses; quienes durante el tercer y segundo milenio a.C. abastecían a Egipto de oro, plata, estaño y cobre. Metales que apenas se encuentran en el Mediterráneo y que tan solo los veremos en abundancia en nuestro litoral Atlántico o bien en tierras interiores del Mar Negro: En el Cáucaso y en la desembocadura del Danubio. Aunque el problema para acceder a ese “Ponto Eugino” era superar el Bósforo; estrecho de una enorme importancia por entonces y que Troya controlaba con tanto desvelo como cautela. Obligando seguro, pagar un gran tributo a todo aquel que cruzara desde el Mediterráneo hasta el Mar Negro, en busca de las minas de la Cólquida y del Danubio. Por cuanto, sería mucho menos arriesgado y más sencillo aventurarse a navegar en linea Este-Oeste hacia el extremo occidental y llegar Iberia o al Atlántico. Donde desde la época de las rutas del ámbar -quinto milenio a.C.- ya conocían las gentes de Oriente Medio que había riquísimas minas de metales preciosos -principalmente en Huelva, Portugal y Galicia-. Lo que motivará la visita continua y continuada a estas costas de viajeros y buscadores (durante la Edad del Bronce) provocando una enorme eclosión y dispersión del megalitismo en sus etapas finales.
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JUNTO BAJO Y SOBRE ESTAS LINEAS: Arriba, preciosa imagen tomada desde la ciudad luso-romana de Amaia (junto a Castelo Vide). En lo alto de la montaña vemos el baluarte amurallado de Marvao; uno de los últimos puntos fortificados de Portugal, antes de entrar a España por Valencia de Alcántara. Ni que decir tiene, que estas tierras son riquísimas en megalitos, al igual que las españolas que limitan con ellas.
Al lado, Panel explicativo del centro de interpretación del megalitismo de Castelo Vide (Portugal) -agradecemos a este pequeño museo que se encuentra en el castillo, nos permita divulgar la imagen-.
Abajo, Objetos hallados en los dólmenes de Castelo Vide, tal como los expone el centro de interpretación del megalitismo de este pueblo -agradecemos a su pequeño museo, nos permita divulgar la imagen-. En fotografía observamos un collar de cuentas y a la derecha un extraño animal tallado sobre hueso, para ser usado como pendiente. Ambos pertenecen al dolmenismo medio, calculándose pueden ser del Bronce más Antiguo (circa 3000 a.C.). En esta imagen vemos ya las gemas que comerciarían en el V y IV milenio a.C.; por las famosas rutas del ámbar.
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C) - 2 : BAREMO PARA UN CÁLCULO DE PROBABILIDADES EN LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS:
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Incluimos este apartado final para comprender la dificultad que entraña hallar en Portugal un objeto de hace cuatro mil años y de origen mediterráneo. Pues tal como la profesora Vilaça escribía, en la Edad del Bronce nos movemos principalmente en el “terreno de las probabilidades”. Conforme a ello y para conocer la importancia de los hallazgos en excavaciones de épocas tan antiguas, crearemos un baremo acerca de las posibilidades existentes para recuperar un objeto perdido o puesto bajo tierra. Lo que haremos atendiendo a tres variantes:
-El tiempo transcurrido desde que se enterró (voluntaria o involuntariamente).
-El grado de riqueza existente en la época.
-Si la etapa a la que pertenecen es de paz o de convulsiones y guerras.
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De tal manera, consideraremos que cada año transcurrido cuenta como un punto; punto que multiplicaremos por el cálculo de probabilidades atendiendo a si pertenece a un momento de riqueza o de pobreza; de paz o de inestabilidad.
La fórmula de cálculo será:
- Un objeto perteneciente a un periodo rico tendrá un exponente 1, mientras si es de una etapa pobre, se considerará un 2 (pues en épocas de bonanza económica hay muchos más objetos y enseres en uso).
- Asimismo si pertenece un momento de paz puntuará 1; mientras si es de un periodo con convulsiones, guerras o inestabilidad, lo multiplicaremos por 2
(hay que considerar que Etapas como la Edad de Bronce peninsular es un momento de poca estabilidad social y de enorme pobreza económica; no así la egipcia o la de Mesopotamia).
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De tal manera, nuestro cálculo de probabilidades para hallar un objeto bajo tierra será conforme al siguiente algoritmo:
AÑOS QUE NOS SEPARAN DE ÉL multiplicados por 1 SI PERTENECE A UN PERIODO DE ESTABILIDAD SOCIAL y multiplicado por 2 SI ES DE UNA ETAPA CONVULSA. Ello a su vez multiplicado por 1 SI ES DE UN MOMENTO DE GRAN RIQUEZA o bien multiplicado por 2 SI PERTENECE A UNO DE POBREZA.
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-Consecuentemente, un denario romano del siglo I d.C. conforme a este cálculo de probabilidades:
2000 (años) multiplicados por 1 (al ser de una etapa estable) y multiplicados por 1 (al pertenecer el denario a un momento de riqueza) = 2000 x 1 x 1. Todo lo que supone que por cada denario que hallemos, habría al menos dos mil en circulación en la época en que se perdió bajo tierra.
-Conforme al mismo baremo, una moneda árabe tendría este otro cálculo de probabilidades:
700 (años) multiplicado por 2 (al ser una etapa de guerras internas) y multiplicado por 2 (al ser una etapa de pobreza) = 700 x 2 x 2 = 2800. Ello supone que por cada dirham de época hispanomusulmana que encontremos, habría 2800 en circulación.
-Finalmente, para un objeto del Final del Bronce, aplicando el mismo baremo:
3000 años (multiplicados) por 2 (al ser periodo de inestabilidad) y por 2 (al ser etapa sin organización social ni riqueza). Total 3000 x 2 x 2 = 12.000.
Ello supone que por cada objeto que hallemos de esa época; habría otros doce mil iguales, en el momento de su ocultación o pérdida en el suelo.
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Conforme este baremo y sabiendo que en los estudios de las profesoras Arruda y Vilaça se citan unos veinticinco enseres del Bajo Bronce, de origen mediterráneo, hallados en Portugal. Multiplicando estos enseres por la fórmula descrita, nos daría 25 x 12.000 = 300.000. Con ello, nos podemos hacer la idea de los objetos que llegaron a tierras lusas desde el Mediterráneo en esos siglos que van desde el XIII al IX a.C..
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Unos 300.000 objetos importados desde el Mediterráneo hasta Portugal, durante la Edad del Bronce Final III. Realizando un cálculo de probabilidades (como el que hemos propuesto).
Si además pensamos que cada barco dejó unos cien objetos de ese tipo, como regalo o para trueque; obtendremos el número de embarcaciones que pudieron llegar en esos tres siglos, que serían unos 3000.
Tres mil naves en tres siglos son unas diez expediciones al año; un número de viajes que encajan con las posibilidades de zonas como Chipre, Creta o Cerdeña. Perfectamente capacitadas para mandar tres o cuatro barcos cada verano; aún sabiendo que muchos de ellos no llegarían a destino, se hundirían, serían asaltados, o no regresarían (perdiéndose una tercera parte, según podemos calcular).
Por su parte y como sabemos que en la zona peninsular española se han encontrado dos veces y media menos restos importados desde el Mediterráneo y de igual periodo. Sabremos rápido que hasta las costas españolas llegarían aproximadamente 120.000 objetos desde tierras lejanas, en unos 1200 barcos que durante los siglos XI al IX a.C. llegarían; viniendo a tierras españolas tan solo unos cuatro al año.
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JUNTO, BAJO Y SOBRE ESTAS LINEAS: Arriba: Vista de los riscos y campos de Marvao, desde su castillo. Este pueblo portugués se encuentra junto a Castelo Vide y ya camino de Valencia de Alcántara (en la Extremadura española). Sus campos están llenos de megalitos y sus vistas desde el castillo amurallado dejan comprender que es uno de los puntos de vigía más importantes de Portugal.
Al lado, de nuevo un mapa trazado por mí con las minas de oro, plata, cobre, estaño y cinabrio más importantes de la Península. Es fácil observar que la dispersión de estos yacimientos de metal discurre paralela a la de los megalitos. Pese a todo, hemos de tener muy en cuenta que el dolmenismo más antiguo es muy anterior a los metales; datándose los primeros megalitos de Portugal entre finales del sexto milenio y comienzos del quinto. Un momento en el que ya existían las rutas del ámbar, cuando los viajeros se encaminaban hacia playas del Norte de Europa, llevando esta resina cristalizada hasta Oriente Mediterráneo. Ello hace pensar que cuando se descubre el primer uso y fundido del cobre (calcolítico; hacia el 3500 a.C.) los expedicionarios que venían desde tierras lejanas en busca de ámbar, pudieron descubrir la riqueza en minas de cobre del litoral atlántico. Más tarde, con el uso del oro como ornamentación, se extendería la fama de nuestras tierras, cargadas de estas minas y debido a ello progresaría el megalitismo. Una civilización que sin lugar a dudas es la que más ha permanecido y la que mayores y más construcciones ha dejado para la posteridad (durante sus casi cuatro mil años de existencia).
Abajo: Otra imagen tomada desde el castillo de Marvao, donde podemos ver lo que se llega a otear desde aquel alto cercano a España.
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CITAS:
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(1): Contacto cultural entre el Mediterráneo y el Atlántico (siglos XII-VIII ane) La precolonización a debate /// S. Celestino, N. Rafel y X.-L. Armada
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS // Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma // Madrid 2008 (dedicado a Xavier Dupré i Raventós -Barcelona 1956, Roma 2006-).
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(2a): "As perspectivas difusionistas e histórico-culturalistas atribuíram quase sempre aos agentes orientais papel definitivo nos fenómenos ocorridos no Ocidente peninsular em situações diversas, muitas delas diacronicamente distantes, como são, por exemplo, os casos do início do Neolítico, da construção de tholoi, e da divulgação da tecnologia do cobre (...) É pois necessário tomar consciência de que a teoria da précolonização nasceu assim num momento precoce da investigação sobre a colonização fenícia do Ocidente” (PAG 355)
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(2b): Marisa Ruiz Galvéz (2000, 2005) e Jaime Alvar (1997, 2000), que nunca deixaram completamente cair o tema, defenderam em textos recentes que, anteriormente à instalação de fenícios na Península Ibérica, o Ocidente foi visitado por navegadores orientais. Sendo diferentes os argumentos em que baseiam as suas propostas (mais arqueológicos os de Ruiz Galvéz, mais históricos os de Alvar), o facto é que ambos concordam no essencial. E se Alvar (ibidem, p. 28) considera indispensável que se abandone, definitivamente, o termo pré-colonização, defende a existência do que chama «Modo de Contacto não hegemónico» para definir uma realidade de contactos episódicos, irregulares e não sistemáticos caracterizada pela «...realización de intercámbios sin ocupación territorial...». Também para Ruiz Galvéz o conceito de pré-colonização (...) deve ser descartado, atendendo a que esta teoria desvaloriza o elemento indígena no processo de intercâmbio ocorrido”.(PAG 356)
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(3): Decíamos sobre ello en nuestro artículo, EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DE BRONCE (comentario a los estudios de la profesora Ruiz-Gálvez Priego) Muy importante es su capítulo dedicado a la “lenguas y comercio”; donde nos explica varias opciones usadas históricamente para el trueque y el intercambio de mercancías, entre pueblos totalmente ajenos. Primeramente menciona la que denomina fórmula “española de Cortés”; consistente en aliarse con enemigos del poder establecido en la zona, comprometiéndose a una lucha unida a ellos y usándolos como intérpretes o “socios”. La segunda que llama “portuguesa”, fue muy utilizada en África, y consistía en secuestrar jóvenes para luego devolverlos al lugar de origen. En nuestro artículo anterior relatábamos la historia de los adolescentes fueguinos, que los barcos ingleses recogieron en el Cabo de Hornos hacia 1830, para llevarlos durante más de un año a Londres. Los británicos lograron que se subieran a sus embarcaciones voluntariamente (unos entregados por sus familias, pero sobre todo al verse atraídos por los botones y los abalorios de los europeos). Los intentaron educar en la capital del Imperio durante meses y en las mejores condiciones; para devolverlos luego a su lugar de origen (pretendiendo así entablar una unión de amistad y cooperación entre los habitantes de Tierra de Fuego y la corona Inglesa).
Añade la profesora otro modo de establecer lazos comerciales, muy común entre los portugueses; como era dejar hombres en tierras lejanas o si colonizar, para que tuvieran hijos mestizos con mujeres indígenas. De ello nacería hasta el llamado idioma “portugués criollo”, que cree pudo ser usado durante la Antigüedad en áreas coloniales helenas -como Magna Grecia-. Otra modalidad de esos idiomas de colonización sería el habla “franca” que se articulaba como una mezcla nacida de varias lenguas y se utilizaba principalmente para el comercio. Este es el caso de la lengua de los cruzados, que contenía palabras francesas, itialianas y árabes; con las que se comunicaban los cristianos, entre sí y con el enemigo. Existiendo una última forma de comunicarse para mantener el mercado, llamado idioma “de Cultura” o “Vehicular”. Es la tercera opción que solían adoptar los colonos y los colonizados; este es el caso del latín durante la Edad Media, usado como segunda lengua para entenderse los diferentes pueblos (una función que cumpliría hoy el inglés). Asimismo comenta Marisa Ruiz-Gálvez, que según De Hoz, el ibero y del celtíbero, también fueron idiomas "de Cultura" o "Vehiculares" -una opinión que no compartimos plenamente-".
CITÁBAMOS A Marisa Ruiz-Gálvez Priego -Europa atlántica en Edad del Bronce // Barcelona 1998 (Ed Crítica) // pag 107 (mapa de las zonas metalúrgicas de la Península Ibérica) Pag. 64 y ss.-
PARA LOS INTERSADOS EN LEER EL ARTÍCULO PULSAR SOBRE EL SIGUIENTE ENLACE:
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(4): IDEM CITA (2) pag 355: “Deve-se a Maria Eugénia Aubet (1987) a primeira crítica bem fundamentada à teoria da Pré-colonização. A consciência de que os fenómenos ocorridos no Ocidente, durante a primeira metade do 1º milénio a.C., eram decorrentes de factos que tinham tido lugar no Oriente obrigou a que procurasse explicar a colonização fenícia na sua origem, e a questão cronológica, um pesado lastro na investigação, foi devidamente integrada nas problemáticas das sociedades próximo-orientais. A pré-colonização do século XII a.C. tornava-se impossível, dada a própria história das cidades fenícias que estariam por detrás dela, mas a validade dos espólios que a materializariam foi também desconstruída do ponto de vista cronológico, como foi, por exemplo, o caso dos marfins de Carmona"
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(4a): IDEM CITA (2) pag 356: “Com efeito, se parece evidente que a pré-colonização encurtou quase dois séculos, a verdade é que teria ainda assim durado um e meio, mesmo depois de os novos dados de Huelva (González de Canales etal., 2004), tanto os arqueológicos e tipológicos como os de C, terem permitido fazer ainda recuar mais umas quantas décadas a cronologia da chegada das primeiras vagas de colonos fenícios ao Ocidente”.
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(4b): IDEM CITA (2) pag 356: “No entanto, quase todos concordam hoje que, nos momentos finais do 2º milénio a.C., houve estreitos contactos entre o Atlântico e o Mediterrâneo, contactos que se materializavam num já vasto conjunto de espólios encontrados nos territórios banhados pelos dois mares (e muitas vezes em áreas interiores), podendo valorizar-se, neste processo, o papel jogado, quer pelas comunidades atlânticas, responsáveis pelo chamado «mercado atlântico», quer o das mediterrâneas, e ainda o das indígenas da Península Ibérica”.
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(4c): IDEM CITA (2) pag 356: “populações que navegaram durante os chamados séculos obscuros continua a ser discutida, ainda que a área oriental do mar interior tenha sido quase sempre apontado como o ponto de partida, concretamente o Egeu, Chipre e fachada sírio-palestiniana (entre outros, Almagro-Gorbea 1989, 1998). Mas a Sardenha, no Mediterrâneo Central, tem vindo a ganhar terreno na discussão, não só pelos espólios encontrados no ocidente (mas não necessariamente as cerâmicas), mas também pelas presenças atlânticas e peninsulares encontradas na ilha (...) Neste contexto, Mariano Torres chamou há pouco tempo a atenção para «…el hecho ya recogido en las fuentes de la fundación de la ciudad sarda de Nora por Nórax, un nieto de Gerion (Pausanias, X, 17.5) que puede ser el reflejo mítico de estos viajes…» (Torres Ortiz, 2005: 48). Por outro lado, foi já defendido que a Sardenha poderia ter distribuído os artefactos que as duas redes (atlântica e mediterrânea) fizeram circular, actuando como «…el mercado mediterráneo de los bronces atlánticos…»” .
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(4d): IDEM CITA (2) pag 377: “Mas deve também ponderar-se se as ligações entre o Mediterrâneo Central e a Península Ibérica durante os séculos XII, XI e primeira metade do X, que, como disse antes, se inscreveram aparentemente num movimento mais vasto de trocas entre o Mediterrâneo e o Atlântico, e os intercâmbios culturais e de mercadorias que elas desencadearam podem ser considerados «pré-coloniais», a não ser na sua asserção estrita (por terem acontecido num momento anterior à colonização propriamente dita)”
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(4e): IDEM CITA (2) pag 378: “Los datos que permiten evaluar la existencia de contactos entre el Mediterráneo y el Alentejo interior durante los últimos decenios del segundo milenio y los primeros del 1 ° C son, por lo tanto, muy escasos, situación que, muy posiblemente, deriva de la poca atención que el Bronce La finalidad merecía por parte de los investigadores en general, situación que parece estar colmada por los proyectos en curso en la región sobre este período”
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(4f): IDEM CITA (2) pag 378: “De facto, a ocupação do Bronze Final no Alentejo parece ter sido muito intensa a avaliar pela enorme quantidade de sítios que têm sido identificados pelos trabalhos já referidos (...), mas infelizmente essa intensidade não se documentou ainda em dados passíveis de serem analisados”
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(4g): IDEM CITA (2) pag 379: “Se a situação é esta para o Alentejo, o Algarve é quase um «deserto» no que respeita à ocupação do Bronze Final. E esse deserto só não é absoluto porque, quer no Castelo de Castro Marim quer em Tavira, foram encontrados níveis com cerâmicas exclusivamente fabricadas à mão, algumas decoradas com técnicas e motivos consentâneos com uma cronologia dos séculos XI a IX a.C.”
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(5): Para comprender la importancia de este túmulo llamado Roca del Casal, recomendamos ver en internet la siguiente página. Donde nos explican los estudios y conclusiones sobre este cenotafio; desde su descubrimiento en 1960, hasta hoy.
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(6): IDEM CITA (2) pag 361: "do profundo envolvimento dos grupos humanos que construíram a Roça do Casal do Meio com os navegadores mediterrâneos, concretamente sardos, que no final da Idade do Bronze teriam chegado à costa ocidental peninsular"
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(6b): IDEM CITA (2) pag 361-362: "Assim, os inumados não parecem ser exógenos, mas indígenas, podendo defender-se que os próprios construtores seriam também nativos, e não sardos, como aliás bem demonstrou Mariano Torres, em 1999 e mais recentemente (2005). O desconhecimento generalizado sobre as necrópoles do Bronze Final não permite encontrar paralelos exactos, ou mesmo próximos, para o monumento da Roça do Casal do Meio, que, no entanto, aparenta ter, na sua globalidade, uma vaga proximidade formal e de soluções construtivas com os monumentos megalíticos de tipo tholos. A cronologia que as datações de rádiocarbono proporcionaram é consentânea com a proposta inicial dos escavadores, e poderá centrar-se entre os meados do século X e os inícios do IX".
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(7): Utilizamos la taducción y edición de AVIENO, ORA MARÍTIMA (periplo marsellés del siglo VI a.C.); en Edición de Adolf Schulten; FONTES HISPANIAE ANTIQUAE -Schulten & Pericot- //
pubicada por Bosch; BARCELONA 1955
Versos del 90 al 170 y del 170 al 270.
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(8): En este artículo explicamos la relación existente entre las rutas del ámbar y las minas más antiguas del oro y plata, con la difusión del megalitismo. Civilización que se expande por el occidente atlántico, partiendo desde el Algarve, Galicia e Irlanda y del quinto al segundo milenioo a.C.. Planteamos que la solución a este enigma de los creadores del dolmenismo y su pervivencia durante casi tresmil quinientos añños, puede estar en ser un peblo ballenero que vivía entre los carámbanos del final de los frios glaciares. Debido a que en el V milenio aún había temperaturas gélidas y el Atlántico estaba pleno de hielos, lo que permitiría navegar o pasar con facilidad el Canal de la Mancha, tanto como cazar sus focas y ballenas, que poblarían por doquier el mar del Occidente europeo. Esta tradición ballenera se mantuvo en el Cantábrico hasta fines del siglo XIX, cuando extinguieron con cazas masivas y sin control, los mamíferos que habitaban en gran número, las aguas del Norte de España, las francesas o las británicas. Tomamos a los fueguinos, como ejemplo del modo de vida que pudieron tener los habitantes del litoral atlántico hace cinco mil años. Debido a que entre los moradores de Tierra de Fuego y el Estrecho de Magallanes, había tribus balleneras nomádas, que vivían en canoas y se dedicaban a la pesca (varando cetáceos, para alimentarse de ellos). Casi no necesitaban cubrirse y lo hacían con pieles (para que la ropa no se helase); no sufrían fríos habida cuenta su dieta a base de grasas de ballena y de foca. Pudiendo llegar a pensar que así vivieron los habitantes de las costas gallegas, las de Portugal, el Cantábrico, Francia, islas británicas y etc. De forma nómada, marchando en invierno al sur y viajando al norte en verano, llevando oro y ámbar en sus cambios de lugar. Mientras los sedentarios del interior pudieron desarrollar los edificios megalíticos por dos motivos: Primero, para guiarse (en mar y tierra) con las sombras de cromlechs y menhires. El segundo con fines de civilización y enterramiento -en dolmenes- en una técnica constructiva lograda gracias a las necesidades de arrastre y captura de las ballenas (que pesan más que aquellas grandes losas de piedra con las que levantaron sus megalitos). Finalmente hablamos de nuevo acerca de Jonás y su marcha a Tartessos (Tarshis bíblica) que se pudo relacionar con la visita a lugares balleneros, donde los peces eran de enorme tamaño (capaces de tragar un hombre).
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(9): BASTARÁ CON LEER A ESTRABÓN PARA COMPROBAR QUE MI TESIS SOBRE EL SIGNIFICADO DE IBERIA TRADUCIDA POR “OCCIDENTE” ES REAL. SIENDO ASÍ IBERIA UN SINÓNIMO DE “HESPERIA” EN GRIEGO (cuyo significado era “atardecer”, “oeste”).
ESTRABÓN EN SU GEOGRAFÍA, EN EL CAPÍTULO I DEL LIBRO IBERIA, NOS DICE:
1. Hemos dado un primer esbozo de la Tierra; a continuación vamos a hacer una descripción de sus distintas partes. Éste es el plan proyectado, y hasta ahora tal distribución del tema nos parece recta. Como antes, y por las mismas causas, es preciso comenzar de nuevo por Európe y sus regiones.
2. La primera parte de ella es, como decíamos, el Occidente; es decir, Ibería.
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(10): Numerosos son los estudios de Germán Delibes en los que nos hablará de poder y yacimientos de la Edad del Bronce, ligados al comercio de la sal. En especial sobre la expansión del Vaso Campaniforme y sus guerreros unidos a lugares con sal (salinas marinas y de tierra adentro). Citaremos el último de estos, que al parecer está todavía en preparación o habrá visto hace poco la luz:
SOBRE EL BINOMIO VASO CAMPANIFORME / PAISAJES DE SAL: NUEVOS DOCUMENTOS DE PEDRAJAS DE SAN ESTEBAN (VALLADOLID) Y POZA DE LA SAL (BURGOS) por: Germán Delibes de Castro// Elisa Guerra Doce // F. J. Abarquero Moras // Miguel Moreno Gallo // Francisco Javier Sanz García
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(11): IDEM CITA (2) pag 362: "Este subtipo de fíbula com arco multicurvilíneo, que não é frequente na Península Ibérica, poderia ser datada dos finais do século X e inícios do IX a.C. (ibidem). A sua presença em Alcácer do Sal poderá relacionarse com a ocupação do Bronze Final identificada no Castelo”

(12): El último epígrafe que contiene el trabajo que analizamos de la profesora Arruda se intitula AS ESTELAS DECORADAS DO SUDOESTE (pag. y ss. 365 del libro que estudiamos)
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(13): IDEM CITA (2) pag 365 a 367: "AS ESTELAS DECORADAS DO SUDOESTE”
"Já atrás referi, que a iconografia das estelas de tipo extremeño foi, desde cedo, o argumento mais esgrimido na defesa das teses que preconizavam a existência da précolonização (...) Com efeito, a origem oriental, seja da fachada siro-palestiniana seja do Egeu, dos objectos representados nas estelas ditas de guerreiro ou do Sudoeste nunca foi posta em causa (...) De qualquer modo, não parece discutível que muitos dos objectos gravados nesta estela, assim como em muitas outras da zona de Cáceres e Badajoz, concretamente as pinças, os espelhos, os pentes e as fíbulas, têm uma origem forânea, uma vez que não obedecem a padrões locais, reproduzindo, do ponto de vista estilístico, modelos de artefactos presentes em vastas áreas do Atlântico e do Mediterrâneo"
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(14): A LOS INTERESADOS, LES RECOMENDAMOS LEER NUESTRO ARTÍCULO BASADO EN LA OBRA DE MARISA RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DEL BRONCE
EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DE BRONCE (comentario a los estudios de la profesora Ruiz-Gálvez Priego)
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(15): Marisa Ruiz-Gálvez Priego: Europa atlántica en Edad del Bronce // Barcelona 1998 (Ed Crítica) //
Pag. 176 y ss.
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(16): Javier Jiménez Ávila (ed.) SIDEREUM ANA II El río Guadiana en el Bronce Final (Mérida 2012)
Alfredo MEDEROS MARTÍN, EL ORIGEN DE LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUROESTEDE LA PENÍNSULA IBÉRICA EN EL BRONCE FINAL II(1325-1150 a.C.) (pag 417 y ss)
Expresa acerca de estas estelas los siguientes conceptos generales:
...“Las estelas decoradas del Suroeste peninsular se hacen eco de una serie de novedades que se introducen en el armamento europeo hacia el 1300 a.C. y que afectan a Grecia, Bohemia, la región Carpática y la propia PenínsulaIbérica. Estas modificaciones se refieren a las espadas (Rosnöen y pistiliformes), a las lanzas y también al armamento defensivo, principalmente a los escudos. (....) la primera tipologíaque establece Almagro Basch, que la simplifica en dos grandes grupos, uno primerode estelas panoplias o tipo IIa,que solo representan armas......
El segundo grupo o subtipo IIb, que unifica los periodos medio y final de Sayáns, ya incluye figuras antropomorfas (...) Uno de los elementos más característicos que permite diferenciar a grandes rasgos las estelas del Bronce Final I o Bronce Tardío, de las estelas del Bronce Final II, a partir de ca. 1325 a.C., es la técnica utilizada”.
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(17): REFLEXÕES EM TORNO DA «PRESENÇA MEDITERRÂNEA» NO CENTRO DO TERRITÓRIO PORTUGUÊS, NA CHARNEIRA DO BRONZE PARA O FERRO Raquel Vilaça
Pag 371 y ss. de:
Contacto cultural entre el Mediterráneo y el Atlántico (siglos XII-VIII ane) La precolonización a debate /// S. Celestino, N. Rafel y X.-L. Armada
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS // Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma // Madrid 2008
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(17a): "os trabalhos de Philine Kalb ou de André Coffyn, um antes e um depois na história da investigação do Bronze Final do território português. Entre aqueles dados conta-se um conjunto não muito numeroso, mas significativo, revelador da «presença mediterrânea» nas Beiras Interio e Central e que analisaremos adiante com algum detalhe". Pag 372
(17b): "Mais apelativa se torna a sua investigação se a enquadrarmos nas problemáticas inerentes à tese recentemente defendida de que, numa primeira fase, as populações semitizadas a atingirem o Atlântico ocidental teriam pautado a sua acção em função de um projecto pré-estabelecido e com objectivos concretos, dirigindo-se a áreas precisas e não de forma aleatória ou progressiva de oriente para ocidente e de sul para norte" pag, 373
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(17c): "O certo é que o mundo funerário e cultual do Centro Interior do território português manteve-se, ao contrário do mundo dos vivos, muito mais afastado de quaisquer influências de carácter mediterrâneo. Culturalmente, o mundo dos mortos expressa, para além de uma enorme diversidade, uma notável vinculação a práticas cultuais ancestrais, onde o fogo desempenhou um papel recorrente (Vilaça e Cruz 1999)". Pag 374
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(17d): "A existência de contactos entre as populações mais ocidentais da Península Ibérica e populações oriundas do Mediterrâneo num tempo anterior ao estabelecimento permanente dos Fenícios, tomando como referência o marco em torno de 825 a.C. (Torres Ortiz 1998), ou mesmo antes se tivermos em conta os dados (materiais e datações absolutas), perturbadores, do estrato «gris-negruzco» de Huelva, com abundantes materiais fenícios, sardos, cipriotas e indígenas (González de Canales Cerisola etal. 2004), é um problema que, hoje, já não faz sentido colocar. Aliás, bastaria recordar, e no que respeita exclusivamente o território português, o exotismo da sepultura de Belmeque (Serpa), um pequeno hipogeu com materiais certamente importados, concretamente a faca ze com rebites em ouro, datada do Bronze Pleno (Soares 1994), ou até mesmo as sempre recorrentes contas de vidro da necrópole, também do Bronze Pleno, de Atalaia (Ourique) (Schubart 1965: 11)". Pag 375
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(17e): "Para o Bronze Final, materiais, contextos arqueológicos e datas de Carbono 14 afastam quaisquer dúvidas que, eventualmente, ainda persistissem. E mesmo quando a evidência dos dados não era tão segura, porque em geral descontextualizados e em reduzido número, e ainda que percorrendo caminhos nem sempre coincidentes, quer Almagro Gorbea, quer Marisa Ruiz-Gálvez, por exemplo, em muitos dos inúmeros trabalhos que têm publicado, insistiram sempre na importância dos contactos «précoloniais», «proto-orientalizantes», «pré-fenícios», etc., entre a Península e o Mediterrâneo Oriental e Central. De resto, neste último caso, há muito que se havia chamado a atenção para o papel de intermediário desempenhado pela Sardenha na complexa teia urdida pelo Atlântico e Mediterrâneo nos finais da Idade do Bronze. Muito mais problemático é identificar a natureza de tais contactos e a(s «nacionalidade(s)» dos intervenientes, mediterrâneos e peninsulares que, num continuum, compreendido entre a época pós-micénica e as primeiras colonizações históricas, trilharam as águas mediterrâneas" Pag. 375
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(17f): "A intervenção de micénicos, cipriotas, sírio-fenícios e sardos, tem sido apontada por diversos investigadores, admitindo-se igualmente a existência de tripulações multiétnicas, com participação de indígenas e navegadores atlânticos nas viagens que cruzaram o Mediterrâneo (Ruiz-Gálvez Priego 1993: 58; 2005a: 252, 256). Todavia, nos contactos com a Península, o papel cimeiro tem sido atribuído, com pertinent argumentação, a navegadores sardos, que, inclusive, teriam criado bases no Centro do território português (Ruiz-Gálvez Priego 1995f: 145). Já esta última hipótese parece-nos muito mais difícil de aceitar principalmente porque não foi explicado o que se deverá entender por essas «bases sardas». E, nem mesmo o sempre recorrente exemplo da Roça do Casal do Meio (Sesimbra), tido por muitos como sepultura de navegadores sardos, recentemente reavalidado em termos cronológicos, arqueológicos e antropológicos, demonstra que assim foi (Vilaça e Cunha 2004)” (PAG 376)
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(17g): De qualquer forma, casos como a cerâmica sarda recentemente identificada entre os materiais de El Carambolo (Torres Ortiz 2004) ou Huelva (González de Canales Cerisola et al. 2004: 186; 206), não provam, de forma inequívoca, a sua chegada através de navegadores sardos, nem sequer necessariamente no Bronze Final, mas, simplesmente, a existência de contactos entre a Península e a Sardenha. Da mesma forma, a cerâmica nurágica encontrada em Kommos (Creta) (Lo Schiavo 2001: 134), por exemplo, só vem confirmar as estreitas ligações entre a Sardenha e o Mediterrâneo Oriental, (...) (PAG 376) a posição ambivalente desta investigadora, que admite a vinda por mar de metalurgistas cipriotas, mas aceitando igualmente a ida de artífices e comerciantes nurágicos a Chipre (Lo Schiavo 2001: 141), revela bem como ainda sabemos tão pouco sobre os navegadores mediterrâneos.(PAG 376)
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Finalmente, face aos recentes e importantíssimos achados de Huelva, onde se encontraram associadas a cerâmicas indígenas, outras importadas, em concreto fenícias, sardas e cipriotas, sugeriu-se, o que também é credível, que todas poderiam ter chegado através de navegadores fenícios (González de Canales Cerisola etal. 2004)”. Pag. 376
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(17h):Num outro registo, e sem se negar o papel dos sardos nas comunicações marítimas E-W, foi recentemente também reconsiderada como provável, a troca de bens por via terrestre (Guerreo Ayuso 2004: 97). Nesta mesma linha pode inserir-se, aliás, a hipótese que valoriza a existência de contactos mais estreitos entre o Centro do território português e o Norte de Itália (por via terrestre?), com base nos carrinhos de Baiões, onde estes encontrariam os seus paralelos mais estreitos concretamente no carrinho de Bizencio (Viterbo) (Coffyn e Sion 1993: 289-290)".
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(17i): "navegamos no campo das possibilidades e não no das demonstrabilidades" (...) .foi recentemente também reconsiderada como provável, a troca de bens por via terrestre (Guerreo Ayuso 2004: 97). Pag 377
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(17j): “Movemo-nos aqui numa esfera muito mais subtil que é a de distinguir protótipos, originais e modelos, de imitações, recriações e reelaborações indígenas. É muito difícil, mesmo para os mais habilitados, estabelecer aquelas distinções, e ainda que recorrendo às mais minuciosas análises estilísticas, tecnológicas ou outras. Com efeito, se a tecnologia não se pode copiar sem antes ter sido aprendida, e aprender é, neste caso, ver fazer, o que pressupõe um contacto directo entre artesãos (Armbruster 2002-2003: 153), já as formas e o estilo podem imitar-se com mais ou menos êxito, ou podem até, propositadamente, ser copiadas com intencionais diferenças para mostrar que são produções próprias”. Pag 377
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(17k):o trabalho em que se dá a conhecer o «depósito de Baiões», os autores consideram os bronzes testemunho de produções locais, que designam por «Grupo de Baiões» (Silva etal 1984: 93-95); posteriormente, Armando Coelho, na esteira de Almagro, valorizou as afinidades existentes entre alguns objectos e contextos cipriotas e sírio-palestinos do grupo Sherdana dos «Povos do Mar» (Silva 1990: 139-140) Em múltiplos trabalhos, Almagro Gorbea (1989: 280, 1998, etc.) sempre se mostrou partidário de uma origem oriental para boa parte das peças, inclusive espetos e ganchos de carne, em concreto da órbita sírio-levantinacipriota pós-micénica anterior à expansão fenícia, por volta de 1200-1000 a.C., (...)Ora, é a proposta daquela filiação sírio-fenícia que adquire um novo fôlego com o cenário traçado pelos achados fenícios de Huelva e datados de finais da Idade do Bronze (finais do X-inícios do IX a.C.). Concretamente, propõe-se que os suportes com rodas de Baiões correspondam a um produto fenício que tenha chegado entre o séc. X e inícios do VIII a.C. (González de Canales Cerisola etal. 2004: 249). (...) Por seu lado, Ruiz-Gálvez Priego considerou que o único objecto importado, seguramente estrangeiro, seria o carro (1993: 52), ainda que também tenha admitido, pela falta de paralelos exactos, ser uma imitação de fabrico atlântico (1993: 50), Um muito provável fabrico indígena foi defendido por Barbara Armbruster, com base em argumentos tecnológicos, nomeadamente pelo elevado nível de conhecimentos técnicos dos fundidores de Baiões (Armbruster 2000: 182; 2002-2003: 148), ideia também partilhada por Burgess (1991: 38) e Correia (2001a: 216). (...) Estas características são típicas das produções metalúrgicas do Bronze Final do território português, mas também, por exemplo, da Sardenha ou Sicília (Rovira 1995: 55; Vilaça 1997). A publicação dos resultados de outras análises, nomeadamente dos materiais de Santa Luzia (Viseu), apontam no mesmo sentido (Senna-Martinez e Pedro 2000 b: 77)". Pag 377
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(17L): “Percorrendo o olhar pela actual dispersão dos achados do Bronze Final imputáveis à órbita mediterrânea (...) No conjunto, são catorze as estações onde encontramos tais testemunhos, todas elas correspondentes a sítios de habitat, aspecto que importa, desde já reter. Vejamos, sucintamente, o que nos dizem cada um deles, em termos de tipos de artefactos, sua funcionalidade, contextos de uso e cronologias, nomeadamente radiocarbónicas”. Pag. 380
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(17m): LUGARES DEL BRONCE BAJO ENTRE EL TAJO Y EL DUERO, CON RESTOS MEDITERRÁNEOS según Raquel Vilaça:
CASTRO DE SANFINS , MONDIM, MOIMENTA DA BEIRA
fíbulas de ‘codo’, bem identificadas (...) Outros testemunhos, cerâmicos – cerâmicas com decoração de «tipo Baiões» (...) uma longa diacronia de ocupação, ignorando-se se contínua ao longo do I milénio a.C. ou com abandonos temporários.
MONTE AIROSO, GRANJA, PENEDONO 382
Bronze Final beirãs, em função dos testemunhos que têm aparecido em distintos momentos.
Nunca foi submetido a escavações cientificamente conduzidas.
S.ª DA GUIA, BAIÕES, S. PEDRO DO SUL
O designado castro de Baiões é um entre muitos outros da Beira Alta com ocupação do Bronze Final, mas único por aquilo que nele foi encontrado.
Os suportes com rodas, quer pela forma/função em si, quer pela inconfundível decoração entrançada ou em forma de Y, oferecem um inequívoco «ar mediterrâneo», concretamente de estilo sírio-cipriota, conforme bem observou Almagro Gorbea em distintas ocasiões. Mas como se sabe, esse é também o estilo que marcou presença nas produções sardas do Nurágico III (c. 1300-900 a.C.), por sua vez, influenciadas por Chipre. 383
Pelo motivo acima referido, são insuficientemente conhecidos os contextos das quatro datas de C articuláveis com a ocupação do Bronze Final deste povoado (...) A sua calibração para um intervalo de confiança de 2 sigma, fornece os seguintes valores: 1370-1019 cal. a.C. 1370-1019 cal. a.C., 1606-769 cal. a.C. e 1260-802 cal. a.C. Atendendo que correspondem a níveis onde estaria presente a cerâmica «tipo Baiões/Santa Luzia», verifica-se que são de um período anterior, pelo menos as duas primeiras, ao definido para Baiões, onde esta cerâmica também estaria presente. 385
CASTELO DOS MOUROS, VISEU
ocupação do Bronze Final, bem expressa nas suas cerâmicas, onde, mais uma vez, se encontram as de «tipo Baiões/Santa Luzia», e, com maior intensidade, da Idade do Ferro
OUTEIRO DOS CASTELOS DE BEIJÓS, CARREGAL DO SAL
ocupação atribuível aos finais da Idade do Bronze (Senna-Martinez 2000b) 385
A sua calibração, para um intervalo de confiança de 2 sigma fornece os seguintes valores: 906-726 cal. a.C., 1369-939 cal. a.C. e 1368-1022 cal. a.C. 386
CABEÇO DO CRASTO DE S. ROMÃO, SEIA
A sua calibração, para 2 sigma, é, respectivamente: 12571003 cal. a.C., 1312-1055 cal. a.C. e 1044-555 cal. a.C. 386
ALEGRIOS, IDANHA-A-NOVA
de «tipo Baiões/Santa Luzia» (...) A sua calibração para 2 sigma define um intervalo
entre 1414 e 1215 cal. a.C.
MOREIRINHA, IDANHA-A-NOVA
grau de confiança de 2 sigma, os seguintes valores: 1262- 949 cal. a.C. e 1117-808 cal. a.C. 387
MONTE DO FRADE, PENAMACOR
A sua calibração, para um intervalo de confiança de 2 sigma, indica, respectivamente, os seguintes parâmetros: 1003-913 cal. a.C., 1192-1132 cal. a.C., 1292-946 cal. a.C. e 1257-790 cal. a.C. É possível estimar uma ocupação centrada entre o séc. XI e a 1.ª metade do séc. X a.C. 387
MONTE DO TRIGO, IDANHA-A-NOVA
Parcialmente muralhado, encontramos uma ocupação do Bronze Final sobreposta a uma outra, calcolítica, esta com pratos e taças de bordo espessado e almendrado, cerâmica campaniforme de «estilo internacional», pesos de tear paralelepipédicos e em «crescente», etc. Ao Bronze Final correspondem diverso materiais cerâmicos, líticos, de pasta vítrea e metálicos 387
obtêm-se, respectivamente, os seguintes valores: 1419-1057 cal. a.C., 1387-1056 cal. a.C., 1368-1022 cal. a.C., 1368-1022 cal. a.C., 1262-997 cal. a.C., 1211-925 cal. a.C. e 1193-937 cal. a.C. 388
MONTE DE SÃO MARTINHO, CASTELO BRANCO
comprovada ocupação do Bronze Final (388)
ABRIGO GRANDE DAS BOCAS, RIO MAIOR, SANTARÉM
PRAGANÇA, CADAVAL
cerâmicas pintadas a vermelho de «tipo Carambolo» e de ornatos brunidos do Bronze Final (Ruiz-Gálvez Priego 1993: 56; 1998a: 223; Cáceres Gutiérrez 1997, entre outros), 390 cerâmicas de «tipo Baiões» 391
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(18): LISTADO DE LOS OBJETOS QUE REFERIMOS, ESTUDIADOS POR ALMAGRO-GORBEA (QUE LOS FECHA EN EL BRONCE BAJO; CONSIDERÁNDOLOS DE PROCEDENCIA O INFLUJO MEDITERRÁNEO):
1º-CUENTAS SEGMENTADAS DE PASTA VITREA DE FUENTE ALAMO (CUEVAS DE ALMANZORA, ALMERÍA) : Formaban parte del ajuar de un enterramiento individual en cista, la sepultura nº 9 de Fuente Alamo. La cronología estimada es de Argar B (...) por la aparición de las cuentas de pasta vítrea que deberían fecharse a partir del 1400 ane (Lull 1983: 211). De nuevo las cronologías radiocarbónicas calibradas elevarían la cronología de esta tumba, por encima del 1500 ane.
2º- ALTAR DE CUERNOS DE LA ENCANTADA (GRANÁTULA DE CALATRAVA, CIUDAD REAL) Sus excavadores interpretan como «templo funerario» y que vinculan con unas relaciones constantes entre la cuenca oriental del Mediterráneo, en particular anatólicas, y la Península Ibérica (Sánchez Meseguer et al. 1985). La cronología obtenida por C14 para el nivel III (Nieto Gallo y Sánchez Meseguer 1980) permite fecharlo en el siglo XIV ane. (...) o entre los siglos XVIIXVI A.C. por medio de la calibración directa de estas fechas, que proporciona las siguientes, 1625 y 1527 ANE respectivamente.
3º- CILINDRO-SELLO DE VELEZ MÁLAGA (MÁLAGA): Tras un estudio realizado por Blanco (Blanco Freijeiro 1962) se le considera fabricado por un taller sirio, con una cronología comprendida entre el 1450 y 1350 a.C.
4º- COLLAR DE ALMUÑECAR. GRANADA: La presencia de cuentas de ámbar y el cilíndro de cornalina en este collar al igual que el lapislázuli en el de Vélez-Málaga nos inclina a vincular estos hallazgos con la actividad de intercambio micénica mejor que con la de los fenicios
5º- CERÁMICA A TORNO PROCEDENTE DEL LLANETE DE LOS MOROS (MONTORO. CÓRDOBA): Dos fragmentos micénicos asociados a contextos culturales estratificados de finales del II milenio a.C. La cronología relativa de estas piezas puede corresponder tanto a un Micénico Reciente IIIA-IIIB, como a un IIIC, dada la pequeñez de los fragmentos. Proceden del taller Micenas-Berbati (Argolida), como se ha podido comprobar (...) Otro conjunto de piezas está formado por más de sesenta fragmentos (..) dendrocronológica la eleva hasta 1114, con unos intervalos comprendidos entre 1212-1015. (....) un fondo de un vaso contenedor, procede de estratos en los que se inicia el Bronce Final (...) Su calibración directa las lleva a 1134 y 1247
6º- CERÁMICA A TORNO PROCEDENTE DE CARMONA (SEVILLA): Lo estiman en unas fechas de finales del II milenio a.C. sin calibrar.
8º- CERÁMICA A TORNO PROCEDENTE DE LA CUESTA DEL NEGRO (PURULLENA, GRANADA): La calibración directa da 1444 y 1398 a.C.
9º- CERÁMICA A TORNO PROCEDENTE DE GATAS (ALMERÍA)
10º- COLGANTES Y CUENTAS DE CORNALINA: La cronología general estimada, sin calibrar, estaría en torno al 1100/1000 a.C. (...) la cornalina, el lapislázuli y el ámbar serían productos relacionados con los intercambios de finales del II milenio a. C. y no con la colonización fenicia.
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